El café de Don Orione

El cafe de Don Orione 00

 

(02/07/2018) Don Orione supo hacer del café un momento de confianza, misericordia y encuentro.

Cuentan que, en cierta ocasión, se le presentó una señora muy preocupada. Le contó que su familia estaba amargada y convulsionada por odios y rencores mutuos. Don Orione la escuchó en silencio, como solía hacer cuando era consultado sobre algún tema importante, y le dijo:

- “Vea, señora, haga así. Invite a sus parientes que están peleados; prepáreles un buen almuerzo y, al final sírvales un buen café... Yo mañana rezaré el asunto a Nuestro Señor en la Santa Misa y... ¡ya verá!

- Pero, Don Orione, ¿no será que se vayan a pelear al encontrarse y no resulte el remedio peor que la enfermedad?

- Hágame caso, señora, prepáreles un buen café; a mí también me gusta mucho el café, y verá que todo se arreglará!

 

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Así lo hizo la señora, no sin algún recelo. Los invitados fueron a su casa, se sentaron a la misma mesa, pasó el tiempo de la comida en un ambiente de frialdad decepcionantes... Apenas se conversaba de algún argumento indiferente. Llega el momento del café. ¡Se sirve a todos un cafecito exquisito! alguien comenta su bondad, otro dice un chiste, todos intervienen, se anima la conversación de una manera imprevista e inexplicable!... Hasta que todos se sienten conmovidos, emocionados, se piden disculpas recíprocamente, se abrazan, se besan... y ¡retorna la paz y la amistad más sincera en todos!

 

Confesión y… café

Don Orione no escribió tratados sobre la confesión. Pero confesó mucho. Y personas de todo tipo. Confesó en todos los lugares: no sólo en los confesionarios, sino también sobre los barcos y en los automóviles.

Su interés por la confesión se refleja en su creatividad pastoral. En un folleto, a confesarse de noche. ¡Sólo para hombres y jóvenes! En el mismo está escrito: confesión y café para todos.

Confesion y cafe

 A los hombres y jóvenes:

Ya no es una novedad, este año, pero es siempre una cosa hermosa y santa venir a confesarse por la Virgen de la Guardia, mis buenos amigos. En la noche del sábado 25 y el domingo 26 de Agosto, los invito a su Santuario de la Guardia: habrá una celebración para ustedes, expresamente y sólo para ustedes. ¡Ninguna mujer! De noche es conveniente que las mujeres, por seriedad y buen nombre, estén en casa… Me dirán: ¿y las jóvenes y las señoritas? Las jóvenes y las señoritas los dejen en paz, al menos de noche, ¡se vayan a dormir y soñar! Nosotros los hombres, en cambio, es otra cosa: el hombre debe estar siempre de pie, de mañana y de noche, si es necesario. Y cuando se trata de ir al Señor, no debemos desmentir a aquel tal Nicodemo del Evangelio que iba de noche, cuando nadie lo veía…

Los hombres de hoy tienen que trabajar; ustedes jóvenes, también, tienen que sudar, tiene que leer la "Gazzetta dello Sport", no tienen tiempo y no lo pretendo: vengan entonces de noche.

Jesús nos espera también de noche. Vengan con buena voluntad y sin tanto miedo: los pecados, se confiesan quizás mejor de noche, porque no se ven. 

Sus pecados, díganmelos en buen tortonés, y comiencen por los más grandes, aunque no sean tortoneses. Vendrán a confesarse conmigo o con otros, pero especialmente conmigo, que ando mucho por el mundo y los pecados los sé todos; los adivino también, a veces siento su olor; que si no me los dicen ustedes, se los diré yo, con la ayuda de Dios: en un instante los pongo en su lugar, y se irán contentos con paz en el corazón. ¡Vamos, buenos amigos, coraje! Nos vemos el sábado a la noche. Los espero a todos.

Es la hora de Dios, los llamo en el nombre de Dios: la Virgen nos espera. Si no ponemos la conciencia en su lugar ahora ¿cuándo lo haremos?, ¿cuándo llegará la muerte? Pero, ¿tendremos tiempo aún? ¿y será una confesión entones o será una confusión?

Es hora que ustedes y yo nos pongamos a vivir como buenos cristianos, en serio: quien tiene tiempo no espere más.

Queridos amigos, no somos animales, tenemos un alma, ¡debemos salvarla! La Virgen de la Guardia nos llama: su voz es de madre y de misericordia: ¡vengan!

Los espero.  Don Orione.

PD: Confesión y café

Después de la comunión, me harán el honor de pasar todos a la casa, detrás del Santuario; les daré un buen café. Quiero mandarlos a casa con sus mujeres y madres, ¡con la boca dulce y el corazón contento; y tomarán dos o tres tazas, ¡pero no doce! ¡Me mandarán a la ruina!

 

Fuente: "Lo que yo recibí", del P. Facundo Mela, fdp
http://loqueyorecibi.blogspot.com/2018/06/el-cafe-de-don-orione.html
http://loqueyorecibi.blogspot.com/2012/11/confesion-y-cafe.html

 

 

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