Discapacidad
El Pequeño Cottolengo
Don Orione concibió la obra del Pequeño Cottolengo como un auténtico proyecto de inclusión social, con la profunda convicción que no podía haber personas desechables, ni vidas sobrantes. Por eso, para todo aquel que se acercara, la única pregunta válida que se le podía hacer era acerca de su dolor. Nada más. Pasaron muchos años, y a pesar de tantos adelantos en la humanidad, aún persisten y aumentan los mecanismos sociales y económicos que discapacitan y excluyen. No se trata de un problema únicamente ligado a la salud, sino de una gran carencia social que, además, hace que las personas con discapacidad experimenten la pobreza, la ausencia de oportunidades, la dependencia y el desamparo.
El Pequeño Cottolengo, tal como lo anhelaba el Fundador, quiere ser “faro de civilización”, luz testimonial en la construcción de un mundo más justo e incluyente.
Al mismo tiempo, es espíritu de familia, respuesta humana y cristiana para muchas personas necesitadas de un espacio existencial, capaz de dignificar y devolver humanidad.
Para eso, religiosos y laicos, profesionales, trabajadores y voluntarios, unen esfuerzos cotidianamente buscando mejorar la calidad de vida y las posibilidades de aquellos hombres, mujeres y niños, que han encontrado en el Cottolengo su lugar.
Novedades asistenciales
San José Benito Cottolengo: El precursor que marcó el camino de Don Orione
Cada 30 de abril, la Iglesia y la familia orionita celebran a San José Benito Cottolengo. Para nosotros, su figura es fundamental: es el precursor y el modelo de confianza absoluta en la Providencia que llevó a nuestro fundador a abrir hogares donde la caridad no tiene límites.
León XIV: “Cristo rescató la discapacidad de la maldición y la restituyó a su dignidad”
En el marco de su viaje apostólico por África, el Santo Padre visitó el Hospital Psiquiátrico “Jean-Pierre Olie” en Malabo. Ante pacientes y profesionales, brindó un mensaje de profunda esperanza que resuena con fuerza en el corazón de nuestra Obra: la mirada de Dios que dignifica y abraza la fragilidad.
Retiro de la Familia Carismática Orionita, un encuentro para renovar el corazón
Del 13 al 15 de junio, Villa Allende será sede de un nuevo Retiro de la Familia Carismática Orionita. Bajo el lema “Trabajemos y juntos nos haremos santos”, invitamos a toda la comunidad a vivir un fin de semana de oración, silencio y comunión en el corazón de Córdoba. ¡Inscribite y reservá tu lugar!
Un poco de historia
Por el año 1915, moría la condesa italiana Teresa Agazzini, dejando a Don Orione su casa para que hiciese en ella un asilo de caridad destinado a ancianos pobres. A partir de allí, y tomando como modelo la gran obra que fundara San José Benito Cottolengo en Turín Don Orione iniciaba un nuevo campo de apostolado de caridad para alivio de pobres y enfermos de toda clase.
Casi sin darse cuenta, Don Orione fue abriendo sus casas de caridad, una tras otra. La gente no tardó en llamarlas “Cottolengos”, por identificarlas con la magnífica obra del santo. De esta manera, los Pequeños Cottolengos se propagaron en Italia y en otros países, llegando a América Latina.
El Pequeño Cottolengo Argentino fue abierto por el mismo Don Orione. Durante su segunda estadía en nuestro país, colocó en Claypole (al sur del gran Buenos Aires) la piedra fundamental de su construcción el 28 de abril de 1935. Y a pesar de lo limitado de los medios con que comenzó, había previsto que aquello se convertiría en algo grande: “Buenos Aires puede tener la ciudad de las diversiones, puede tener la ciudad de los estudios; pero el Cottolengo será la Ciudad de la Caridad”.
Al mismo tiempo, aceptó la donación de una propiedad en la calle Carlos Pellegrini, en pleno centro de Buenos Aires, para que fuera allí la sede central. Ese lugar fue bendecido el 27 de junio de 1935, y a los pocos días recibió allí a las primeras personas necesitadas de atención.
Sólo en cuestión de escasos días, las Damas de San Vicente le ofrecieron una casa en la localidad de Avellaneda, que inauguró el 2 de julio del mismo año, como Cottolengo, poniéndolo bajo el cuidado de las Pequeñas Hermanas Misioneras de la Caridad.
Aún hoy, impacta recorrer aquellos días inolvidables de la presencia de Don Orione en Argentina, cómo en tan poco tiempo pudo llevar adelante un proyecto tan grande. Sin dudas, la Providencia de Dios obró a través de la persona del santo, y de muchos corazones dispuestos que encontraron reflejado en él, sus propios anhelos de solidaridad.
Así definía Don Orione al Pequeño Cottolengo:
“Es una obra que toma vida y espíritu de la caridad de Cristo, y su nombre de San José Benito Cottolengo, que fue apóstol y padre de los pobres más desdichados… Es una familia edificada sobre la fe que vive del fruto de un amor inextinguible. En el Pequeño Cottolengo se vive alegremente; se reza, se trabaja en la medida que lo permiten las fuerzas; se ama a Dios, se ama y se sirve a los pobres. En los abandonados se ve y se sirve a Cristo en santa alegría. ¿Quién puede ser más feliz que nosotros?”


