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El Papa escribe al patriarca Kirill que se "ponga fin a la oscuridad de la guerra"

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En su saludo con motivo de la Pascua, que celebraron este domingo, Francisco exhortó a los patriarcas ortodoxos "ser artífices de paz"

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Francisco y la Santa Sede adhieren a la petición de Naciones Unidas para un alto el fuego con motivo de la celebración de la Pascua según el calendario juliano, el próximo domingo 24 de abril.

¡Dejémonos vencer por la paz de Cristo! La paz es posible

¡Dejémonos vencer por la paz de Cristo! La paz es posible

Francisco recordó la guerra en Ucrania, a los países atormentados por largos conflictos y violencia y afectados por tensiones sociales y dramáticas crisis humanitarias. "Que Cristo resucitado acompañe y asista a los pueblos de América Latina que han visto empeorar sus condiciones sociales"

MIRADOR ORIONITA

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Celebrando a Don Orione y las nuevas obras de Avellaneda

Celebrando a Don Orione y las nuevas obras de Avellaneda

Con la visita del Padre Obispo Maxi, el Cottolengo vivió un día de fiesta celebrando a Don Orione Santo, y agredeciendo a María de Fátima por la restauración y pintura de todo el patio.

Pontecurone, el pueblo que acunó a Luisito Orione...

Pontecurone, el pueblo que acunó a Luisito Orione...

Este es el nombre del itinerario carismático virtual en el cual el Hermano Jorge Silanes nos llevará a recorrer las calles de esta ciudad tan importante para los orionitas. El encuentro será el sábado 21 de mayo a las 16hs. (Argentina) a través de Zoom y con transmisión en vivo por YouTube en el canal EFO Buenos Aires.

Don Orione Santo vive en nosotros

Don Orione Santo vive en nosotros

La cercanía, generosidad y compromiso de tantas y tantos que hacen presente HOY el espíritu de Don Orione Santo, sostienen la labor por los más necesitados y excluidos de la sociedad a quienes san Luis Orione dedicó su vida: los enfermos, los desamparados, las personas con discapacidad, los jóvenes olvidados en las periferias.

Pequeño Mundo, el primer oratorio en Argentina

Pequeño Mundo, el primer oratorio en Argentina

Don Orione inició su congregación con un oratorio. En Argentina, el primer oratorio cumple 61 años: es el Pequeño Mundo de Mar del Plata. Esa semilla dio muchísimos frutos y hoy los oratorios y grupos juveniles se multiplican en todas las comunidades orionitas.

Marta Chiya: el recuerdo de una amiga de Don Orione

Marta Chiya: el recuerdo de una amiga de Don Orione

Su figura elegante, su sonrisa amplia, su carácter afable, y sus manos extendidas para hacer el bien, son recuerdos entrañables de una mujer que sirvió con amor a los más débiles y necesitados.

Itinerario carismático en Victoria y San Fernando

Itinerario carismático en Victoria y San Fernando

En el marco de los 100 años de la llegada de Don Orione al templo de Victoria, el sábado 23 de abril, se realizó el Itinerario Carismático bajo el lema "Caminemos por las calles de Victoria, donde hace 100 años Don Orione dejó sus huellas".

"Los testigos serán mi ángel de la guarda y el tuyo"

"Los testigos serán mi ángel de la guarda y el tuyo"

Hace 110 años, el 19 de abril de 1912, Don Orione visitó al Papa Pio X para expresarle un deseo que guardaba celosamente: hacer los votos religiosos perpetuos ante la presencia del Vicario de Cristo, el Papa. Pio X aceptó inmediatamente poniendo a los ángeles como testigos…

Recorriendo la huella de Don Orione

Recorriendo la huella de Don Orione

La Escuela de Formación Orionita y el Grupo de Estudios Orionitas, invitan este sábado 23 de abril a compartir un itinerario en Victoria (San Fernando) acompañados por el Hermano Jorge Silanes bajo el lema "Caminemos por las calles de Victoria, donde hace 100 años Don Orione dejó sus huellas".

La Familia Orionita te desea ¡Felices Pascuas!

La Familia Orionita te desea ¡Felices Pascuas!

¡Cristo ha resucitado! ¡Ampliemos nuestros horizontes a todo aquello que es luz, que es hermoso, bueno, verdadero, santo!


"¡Seamos Providencia!"

Hay muchas maneras de sumarse a Don Orione.
Elegí la tuya, y sumate ahora.

 

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Memoria y balance para surfear el futuro

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Memoria y balance para surfear el futuro

 

Padre, hermano, pastor y protagonista destacado de buena parte de la vida de la Obra Don Orione en nuestro país, el P. Roberto Simionato nos desafía a reflexionar como Familia Orionita para actuar en las fronteras de la caridad del siglo veintiuno.

 Por P. Roberto Simionato

 

Memoria y balance

 

Nos disponemos a celebrar cien años de la llegada de Don Orione a la Argentina. Tiempo propicio para recordar, para dar gracias, para volver a soñar. Y digo soñar, porque con un sueño llegó Don Orione. Para entender este siglo de vida orionita puede ser útil dividirlo en tres etapas, aun sabiendo que toda división es un tanto arbitraria. La primera es fundacional, desde la llegada de Don Orione hasta su muerte. La segunda, de consolidación, comprende los 40 años siguientes hasta su beatificación, La tercera, de expansión, desde 1980 a nuestros días.

Etapa fundacional: 1921-1940

Está dominada por la presencia de Don Orione. No viene a Argentina porque no tenía nada que hacer en Italia, sino porque desde joven arde en su pecho el deseo de llenar el mundo con la caridad de Cristo. Como cualquier inmigrante que se apoyaba en algún pariente que lo invitaba, Don Orione tiene al P. Maurilio Silvani, un antiguo alumno, que entonces prestaba sus servicios en la Nunciatura papal y le insistía que viviera. Todo lo demás era pura confianza en la Divina Providencia. Partiendo de la primera casa de Victoria crea de la nada, un mundo de caridad con el Cottolengo y varias obras más. La sociedad argentina lo recibe como un santo, le abre el corazón y le responde con el bolsillo. Su coraje fue siempre superior a las fuerzas con que contaba: con un manojo de religiosos y religiosas valientes hizo numerosas fundaciones en Argentina, Uruguay, Brasil y puso las bases para la presencia en Chile.

Etapa de consolidación: 1940-1980

Los hijos e hijas de Don Orione van reafirmando su espíritu y abren en el interior nuevas obras de caridad como Cottolengos y escuelas. Las dos Congregaciones, masculina y femenina, reciben oficialmente la aprobación de la Iglesia, se nutren de vocaciones locales que ayudan y van reemplazando a los misioneros venidos de Europa. El Concilio le da un nuevo rostro a la Iglesia. Así llegamos a 1980 con la Obra Don Orione consolidada y con el Fundador beatificado.

Etapa de maduración: 1980-2020

A partir de la beatificación, surgió un nuevo impulso por conocer y apropiarnos de su herencia espiritual, más aún porque iban desapareciendo los testigos de la generación que lo había conocido. Fruto de ello será la revisión de las Constituciones que rigen nuestra vida religiosa, ligándonos al carisma del Fundador, con el cuarto voto: “de especial fidelidad al Papa” para los religiosos, “de caridad” para las Hermanas. La primera venida del corazón de Don Orione, que en 1984 peregrinó por todas las casas, fue un acontecimiento espiritual extraordinario, una verdadera misión orionita, que culmina con el Jubileo del año 2000, en que unos 400 jóvenes van a buscar la reliquia para cumplir su promesa: “Vivo o muerto volveré”. Hubo en esos años un reverdecer de la pastoral juvenil con una notable respuesta vocacional en ambas congregaciones. Aunque también hubo abandonos, se puede constatar que quienes hoy llevan adelante la animación de nuestras comunidades son los religiosos y religiosas de esa época. La novedad será nuestro aporte misionero: desde Argentina salieron hermanos/as que están en otros países, devolviendo, de alguna manera, lo mucho recibido. El fruto maduro fue el desafío de la canonización: “Lo mirarán a él, nos mirarán a nosotros”.

La primera etapa me la contaron. En la segunda, conocí la congregación y comprendí que el Señor me podía llamar. Pude conocer a los próceres que envió el mismo Fundador: los padres Zanochi, Contardi, Dutto, ya muy ancianos. Admiré el relato de esos tiempos heroicos. Me formé en Argentina, Chile, Italia, fui testigo ignaro de la consolidación. En los últimos 40 años he podido conocer la expansión de la Obra Don Orione en el mundo, gracias a la entrega de mis hermanos.

¿Y ahora qué?

Es un poco difícil responder, más a la edad en que uno se siente más cercano a “memoria y balance” que a imaginar el futuro. De todos modos, me parece que estamos en una meseta, por usar una palabra de moda. Nuestras comunidades trabajan a full, tenemos pocas vocaciones, pero nos multiplicamos sin reservas. La Iglesia aprecia nuestro carisma. Sin embargo, estamos, como todos, aturdidos por el fenómeno de la pandemia que cambió nuestra vida. Nada será como antes, se dice. Cambiaremos el modo de trabajar, estudiar, viajar, hacer pastoral.
¿Será para peor o para mejor? ¡Depende! El Papa Francisco nos guía con vigor y lucidez. Intenta, con palabras y gestos, abrirnos los ojos y el corazón. Estamos en transición a lo nuevo, desconocido. Se me ocurre una imagen que no sé si sabré explicar bien.

Surfear el futuro

Cuando las olas del mar embravecidas azotan la costa, hay momentos de pausa engañosa. Después del golpe impetuoso, el mar agota su empuje, se retira, diluye la espuma. Se aquieta, pero se adivina la turbulencia bajo la calma mentirosa. Y de repente, se encrespa, levanta su cresta aterradora y lanza un embate furioso que arrolla a los desprevenidos y exalta a los que están listos para surfear, casi envueltos en el hueco de la ola, como vuelo rasante de gaviota en libertad. Ahí estamos, creo yo. ¿Qué sucederá? La verdad que no sabemos…
Por de pronto, pienso que es hora de desempolvar algunas consignas orionitas que, en tiempos de calma, podrían parecer retórica exagerada:

“Veo todo un pasado que cae, un infortunio terrible cambiará, tal vez pronto, la cara del mundo... No seamos de esos catastróficos que piensan que el mundo termina mañana. ¡Existe la Providencia! ¡Arrojémonos en el fuego de los tiempos nuevos! Tengamos un coraje muy superior a las fuerzas que sentimos de tener, porque Dios está con nosotros”.

¿Cuándo llegue la hora y ¡es ésta! estaremos listos para surfear el futuro?

 

 

Descubrir y comprender a Don Orione en nuestra tierra

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Descubrir y comprender a Don Orione en nuestra tierra

 

Como un regalo de Don Orione para su Familia en América Latina en el camino del Centenario de su primera venida, llega a nosotros el libro que nuestro siempre recordado P. Enzo Giustozzi fdp iniciara antes de su Pascua. Una obra original en su enfoque que nos permite “mirar” al santo de la caridad con los ojos de nuestras comunidades.

 Por Hno. Jorge Silanes y P. Santiago Solavaggione / Grupo de Estudios Orionitas (GEO)

 

Descubrir y comprender a Don Orione en nuestra tierra

 

El Grupo de Estudios Orionitas (GEO) acaba de publicar (en formato digital) un libro póstumo realizado por el P. Enzo Giustozzi fdp durante sus últimos años de vida. Todo el material había quedado sin una sistematización final y a esta tarea se abocó el GEO, con el objeto de ofrecer a todos un material verdaderamente valioso.

El esfuerzo editorial estuvo centrado en respetar el desarrollo y el estilo del autor y, al mismo tiempo, adaptar y reorganizar los contenidos a fin de revalorizar cada una de sus partes.
Su lectura nos presentará un Don Orione “nuevo”, porque fue escrito originalmente en castellano (no se trata de la traducción de una obra en otro idioma), conservando así los acentos culturales, la sensibilidad y los intereses propios de nuestra región rioplatense. Esta es la impronta que el P. Enzo supo dar a su trabajo y que se percibe en todas sus páginas.

Origen del libro

La intención de escribir sobre Don Orione “en” y “desde” Latinoamérica (focalizando la mirada en Argentina) fue creciendo en el P. Enzo a lo largo de varios años. En el encuentro de los Amigos de Don Orione realizado en Mar del Plata en octubre de 1981, había manifestado abiertamente su idea, presentando entonces una breve investigación que podríamos considerar el germen de su futuro libro. Allí lanza una propuesta en forma de pregunta: “¿No será útil, necesario y posible un archivo general de la presencia de Don Orione en América Latina?... que pudiera servir para una comprensión más plena, más estructural, significativa ‘histórico-salvífica’ de la presencia de Don Orione en nuestras tierras”.

Al principio se encontró con el límite de no tener acceso a las fuentes orionitas, es decir, a la colección de escritos del Santo, más allá de la reducida cantidad de publicaciones que se había realizado hasta ese momento, sobre todo en italiano.

Pero en 1998 se da un hecho providencial: el P. Giustozzi es destinado a Roma para realizar un curso de aggiornamento en Biblia, una de sus grandes pasiones. Estando en la “ciudad eterna” tiene la oportunidad excepcional de acceder a la versión digital de los llamados Scritti (“Escritos”) de Don Orione, fuente indispensable para avanzar con los recursos necesarios en su anhelado proyecto. En efecto, Scritti es la recopilación más amplia de textos del Fundador, la cual supera hoy los 122 volúmenes.

Así, el autor tuvo acceso a una enorme cantidad de información (miles y miles de cartas, mensajes, esquelas, notas, apuntes, etc.), lo cual presentaba también el desafío de contar con un instrumento para agilizar su estudio y análisis. En esta instancia, el P. Enzo puso en juego sus ya reconocidas capacidades informáticas: con un programa específico y un riguroso trabajo de carga e indexación de datos logró realizar búsquedas avanzadas en todos los escritos referidos. De repente, las perspectivas se ampliaron y comenzaron a aparecer muchos aspectos inéditos de la personalidad y de la misión de Don Orione. Estos avances alentaron aún más los deseos del P. Enzo para avanzar en la redacción de su trabajo.

En marzo de 2002 viajó a Roma para participar del Congreso “Don Orione e il novecento” (Don Orione y el siglo XX), donde presentó su ponencia titulada “Don Orione en Argentina” . La preparación de este trabajo le exigió ahondar aún más en el tema. Si bien recibió nuevos impulsos, el P. Enzo regresó a Argentina con cierta insatisfacción: constató que, en términos generales, aún no se llegaba a comprender suficientemente todo lo que significaron los años latinoamericanos en el mismo Don Orione. Todavía no se lograba dimensionar la transformación que provocó en su espíritu, en su pensamiento y en su praxis caritativa durante los casi cuatro años vividos en “América”. El impacto no fue pasajero ni superficial, sino tan profundo que dio a luz al Don Orione de los últimos años, de 1937 a 1940: el Fundador que apostó fuertemente por las expediciones misioneras de esos años, enviando grupos consistentes de religiosos y religiosas para reforzar las presencias que se iban desarrollando en el nuevo mundo orionita.

Por ello, en el prólogo del libro el P. Roberto Simionato expresa:

“en los años que estuve en la Curia General oí de algún anciano una afirmación que me dejó pensando: «Don Orione volvió distinto de Argentina»... Si sus hijos pudieron intuir que Don Orione volvió ‘distinto’, aún sin saber precisar bien en qué consistía eso, quiere decir que fue muy fuerte lo que vivió el Fundador en Argentina. Y que las palabras radiales de despedida: «Quiero decirles a todos y asegurarles que en Argentina he encontrado para siempre mi segunda patria y que con la ayuda de Dios volveré a ella, vivo o muerto, porque quiero que mis cenizas descansen en el Pequeño Cottolengo Argentino de Claypole», no las decía simplemente para quedar bien, sino que estaba narrando una honda experiencia”.
Lejos de desanimarse en su metódico trabajo, el P. Enzo continuó con renovadas energías las distintas partes de su futuro libro. Pero pronto lo sorprendió la enfermedad...

El contenido

Este libro que sale a la luz (por ahora en formato digital, ver QR de descarga en pág. 23) no es una biografía más de Don Orione. Es una obra que profundiza la vivencia de Don Orione en Latinoamérica y, sobre todo, en Argentina. Es el puntapié inicial, que no agota la fecunda acción del Fundador y los procesos que él mismo vivió durante los períodos transcurridos en Argentina, su “segunda patria”, Uruguay, Chile y Brasil.
Respecto a su primer viaje latinoamericano, con sus dos estadías en Argentina se narran los acontecimientos que dieron origen a las primeras casas orionitas: Victoria y Marcos Paz, así como las que surgieron poco después: Puerto de Mar del Plata, Pompeya, Floresta (CABA), Hipólito Irigoyen (CABA), Tres Algarrobos (Cuenca) y Mar del Plata (San José). Y también las presencias en Uruguay: Montevideo y La Floresta.
Acerca del segundo viaje, queda plasmada su preocupación por la formación, lo que se traduce en la apertura de la primera casa de formación para los religiosos locales (Lanús, hoy Villa Domínico). Como frutos de caridad de su acción pastoral se narran los inicios de los tres enclaves del Pequeño Cottolengo: Avellaneda - Pellegrini - Claypole. Asimismo, veremos a Don Orione presente y actuando en Uruguay, Mendoza, Chile, Rosario (Santa Fe), San Fernando (Gran Buenos Aires), Resistencia y Presidencia Roque Sáenz Peña (Chaco) e Itatí (Corrientes).
Además del argumento central (Don Orione en Latinoamérica y Argentina), en diferentes excursus se abordan temas como los enfermos de lepra, el feminismo, la inculturación, sus profecías, los medios modernos, santidad y buen humor, su proyecto de abrir dos congregaciones para afrodescendientes, etc. Todos ellos complementan la visión que podríamos tener acerca de Don Orione y seguramente serán puntos de partida para nuevas reflexiones.
La obra llega en un momento justo: estamos a un año de celebrar un verdadero jubileo orionita. En efecto, en 2021 se cumplirán los 100 años de la llegada de Don Orione a nuestro continente: en agosto a Brasil y en noviembre a Uruguay y Argentina. Para la Familia Orionita será un tiempo especial para renovar la misión que suscita el carisma orionita. ¡Qué mejor para ello que adentrarnos en la experiencia vivida por Don Orione y los primeros religiosos y religiosas en nuestras tierras!

¿Qué aporta de nuevo esta publicación?

El trabajo del P. Enzo Giustozzi tiene de original el hecho de haber sido elaborado desde nuestra realidad y estar bien contextualizado. En efecto, un punto destacable es la reconstrucción que realiza el autor acerca de la historia de la Iglesia en Argentina (siglos XIX y XX) para trazar un cuadro de la realidad social y eclesial con la que se encuentra Don Orione cuando llega al país, el domingo 13 de noviembre de 1921.

Veremos a un Don Orione que camina nuestros lugares, afronta situaciones que nos resultan familiares, se deja interpelar por nuestra cultura. Nos hace bien y nos estimula reconocerlo tan cercano a nuestra realidad. Justamente todo ello enriqueció al mismo Don Orione, modeló e hizo madurar su santidad. Cuando en 1937 regresó definitivamente a su Italia natal, como hemos dicho, ya no era el mismo que había zarpado desde el puerto de Génova, en 1921, con 49 años de edad, rumbo a “América” por primera vez.

El aporte sustancial de esta edición radica en que su contenido amplía y profundiza un “capítulo” de la vida de Don Orione poco desarrollado en obras escritas desde la cosmovisión europea. Sin duda, es una de las etapas más fecundas de su vida, donde emerge con claridad su maravillosa figura sacerdotal, totalmente entregada a Cristo y a los desamparados de nuestras tierras.

Finalmente, la edición de este libro tiene el valor y el sabor adicional de ser el resultado de una obra de reflexión colectiva. Seguramente el P. Enzo compartirá desde el Cielo la misma felicidad que nosotros de poner a disposición y ofrecer abiertamente este nuevo libro, que es un verdadero tesoro para todos aquellos que se sienten cercanos a Don Orione (¡o quieren descubrirlo!) y desean dejarse inspirar por su caridad y su compromiso social para dar respuesta a los desafíos de hoy. 

 

Descubrir y comprender a Don Orione en nuestra tierra2

 

Don Orione, Latinoamérica y Argentina.

“Vamos a mirar a Don Orione en la Argentina de aquel tiempo, para comprendernos mejor a nosotros, sus herederos espirituales y carismáticos, en la Argentina de hoy”. Estas palabras del P. Enzo Giustozzi fdp abren las páginas de su libro “Don Orione, Latinoamérica y Argentina”, recientemente publicado por el Grupo de Estudios Orionitas (GEO).
Se trata de la obra que P. Enzo no pudo concluir antes de su paso a la Casa del Padre (2004) y que desde entonces había quedado inconclusa. El Grupo de Estudios Orionitas (GEO) decidió retomar el trabajo y finalizarlo. El Hno. Jorge Silanes y el P. Santiago Solavaggione llevaron adelante la coordinación, revisión y adaptación del escrito original.
El libro se propone responder a dos preguntas: “¿Qué Argentina encontró Don Orione? ¿Qué Don Orione conoció la Argentina?”. Incluye un prólogo de lectura imprescindible, a cargo del P. Roberto Simionato, sobre la trasmisión del carisma orionita desde el mismo Don Orione hasta el presente; y una bella semblanza biográfica del P. Enzo, a cargo del P. Facundo Mela.
Además, la obra está enriquecida con dos anexos elaborados por los editores: la lista completa de misioneros/as y una cronología centrada en los años misioneros del Fundador. Cabe destacar también la bibliografía final, con producciones publicadas e inéditas, que constituye un instrumento esencial para continuar ahondando en los estudios orionitas.

 

El libro puede bajarse en formato PDF desde aquí http://bit.ly/Libro-Giustozzzi

 

El sueño se hizo realidad

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El sueño se hizo realidad

 

Hacia la celebración de los 100 años de la llegada de Don Orione y los primeros misioneros orionitas a la Argentina y el Uruguay, compartiremos una serie de artículos que nos traen al presente nuestros orígenes como Familia Orionita en esta parte del mundo.

Por Prof. Fernanda Coronel, Grupo de Estudios Orionitas (GEO)
Primera entrega

 

El suenio se hizo realidad

 

Cuando uno sueña se mezclan la esperanza y el tiempo, el corazón y la libertad, Dios y nosotros…. Y si el que sueña es Don Orione, María siempre está. Lo que anhela el corazón busca hacerse realidad, imaginando creativamente la voluntad de Dios transformada en obra.

Don Orione fue un hombre soñador y creativo, que se jugó por hacer realidad la voluntad de Dios, la que fue su mayor sueño. Don Orione soñaba cuando miraba los ojos de los que sufren y veía en ellos el rostro de Cristo, entonces soñaba más despierto que nunca con salvarlos.

Los orionitas nos preparamos para celebrar cómo se hizo realidad el sueño misionero de Don Orione en nuestra Argentina. La llegada de Don Orione a nuestro país (1921) comenzó con el sueño misionero conocido en la Familia Orionita como “el sueño del manto azul”. Ese sueño pintado con lágrimas de mucho dolor ante el cierre del primer oratorio “San Luis”, donde el por entonces joven seminarista Luis Orione temía por el futuro de sus muchachos y al dormirseve en el cielo a la Virgen María con el niño Jesús en brazos, que con su manto azul abrigaba y protegía maternalmente a personas de diferentes razas y edades. Manto que parecía ampliarse hasta hacer desaparecer todo límite y frontera.

Luis Orione se despierta luego de ese sueño con más fuerza espiritual, dispuesto a seguir adelante sabiendo que María lo protegía a él y a los suyos. Con el tiempo interpretó que este sueño era un sueño misionero. Había que ir en busca de esos hijos de María que estaban bajo su manto celestial dispersos por el mundo, esperando experimentar el encuentro con Jesús de la mano de la Madre de Dios.

Cuando Luis Orione estuvo en el oratorio de Don Bosco, soñaba despierto con cruzar el mar y salvar almas. Siempre su corazón experimentó un amor desmesurado; no conocía fronteras porque era un misionero a quien la caridad de Cristo no lo dejaba descansar (cf. 2 Cor 5,14) y lo impulsaba a ir mar adentro. Solo anhelaba llevar de la mano a los más “pequeños” hasta el corazón de Jesús.

 

El suenio se hizo realidad 2

 

Historia de una aventura misionera

Desde 1913 los religiosos orionitas misioneros habían llegado a Brasil y las necesidades de refuerzos resonaban en Don Orione con insistencia. Por eso en 1914 envió un llamado a todos sus hijos diciendo: “¡Necesito hijos santos!”, por medio de una carta conmovedora que contagiaba pasión misionera, que llamaba a jugarse la vida entera. En 1918 había decidido él mismo partir hacia Sudamérica, pero por algunos problemas de salud y otros motivos de peso no lo pudo concretar. Entonces en 1920 envió más refuerzos, pero anhelaba llegar personalmente a América. Los pedidos crecían desde Brasil y Don Orione comprendió que era el tiempo de preparar a la Congregación para su partida misionera.

El padre Sterpi quedó como director y Don Orione se despidió de los suyos en Italia diciendo: “Solo con la caridad de Jesucristo se salvará el mundo… que entre ustedes mis queridos hijos, reine esa grande, suave y divina caridad que siempre los hizo un solo corazón y un solo espíritu”. Palabras que son una herencia espiritual, una fuente donde ir a buscar nuestra identidad orionita: Jesucristo… Caridad… Salvar… Unidad… Ellas expresan que los orionitas estamos para llevar a Jesús a los pequeños, sirviendo a nuestra Madre la Iglesia con humildad y alegría.

El 4 de agosto se embarcó en Génova y luego de pasar un día por España se encontró en el océano rumbo a Latinoamérica. Durante el viaje se maravilló con la belleza de las estrellas y la inmensidad de las aguas. Mientras todos dormían el contemplaba y rezaba, no se cansaba de agradecer a Dios haberlo elegido para esta aventura.
Durante su viaje se celebraba la fiesta de la Asunción de María (15 de agosto), entonces pensó en la belleza de la Madre de Dios, sobre todo en su humildad y pureza. Y recordó el sueño de su juventud y los rostros de diferentes colores y razas bajo el manto de la Virgen… En el horizonte, el 19 de agosto ya se veía Brasil. Al día siguiente celebró su primera misa en el “nuevo mundo”. En sus ojos brillantes podía leerse lo que guardaba su corazón: “Estamos en Brasil por y para los pobres”. Se conmovía al ver tanta necesidad del pueblo. Hacían falta sacerdotes para bautizar a los niños, asistir a los enfermos, guiar a los jóvenes. Entonces escribió al padre Sterpi pidiendo refuerzos, pero no llegaban… las necesidades de la Congregación en Italia también eran muy grandes.

Entre tanto, llega a Don Orione una carta escrita por el secretario de la Nunciatura de Buenos Aires, el P. Maurilio Silvani, quien lo invitaba a la Argentina. El misionero insistía pidiendo hijos santos. Era un clamor hecho plegaria dirigido al cielo, y a la vez una invitación hecha susurro al corazón de sus hermanos. Don Orione sabía con humildad hablarle a Dios y, con ternura, hablarles de Dios a los hombres. Hasta que desde Italia el P. Sterpi respondió diciendo que enviaría a cuatro seminaristas. La aventura misionera seguiría creciendo al ritmo que crecían la caridad y los sueños de Don Orione.
Pronto, muy pronto este sueño y esta aventura misionera de Don Orione se harían realidad y tendrán a la Argentina como protagonista. 

Fuente: Revista Don Orione

 

 

El suenio se hizo realidad 2

 

La “Escuela de Fuego”

El GEO (Grupo de Estudios Orionitas), en el marco de la preparación para la celebración del Centenario de la llegada de Don Orione y los primeros misioneros a nuestras tierras, dará inicio a partir del próximo mes de julio la “Escuela de Fuego”. Esta iniciativa anhela formar y animar en el carisma orionita para que su fuego se encienda con más fuerza nuestros corazones.

La Escuela de Fuego está destinada a quienes tienen la misión de servir en las diferentes obras orionitas desde un lugar de mayor responsabilidad: miembros de Consejos Pastorales Parroquiales y Equipos de Conducción de Cottolengos, Hogares y Colegios. Tiene una duración de dos años. Entre otros recursos, utilizará una plataforma virtual, donde los alumnos podrán contar con el acompañamiento de los docentes tutores y acceder al material bibliográfico. La dinámica del cursado busca promover el encuentro comunitario local y los contenidos apuntan a integrar la dimensión histórica con la espiritualidad y la pastoral orionita. Además del contacto virtual se llevarán a cabo dos encuentros presenciales por año de cursado, en tres sedes según la zona de residencia: Buenos Aires, Resistencia (Chaco) y Córdoba.

Este proyecto está inspirado en la experiencia del propio Luis Orione, que fue alumno de la “Escuela de Fuego” en el oratorio de Don Bosco. Esta escuela estaba destinada para aquellos alumnos que se esforzaban mucho y deseaban adelantar años de estudio durante las vacaciones. El joven Luis Orione ingresó al Oratorio salesiano de Valdocco (en Turín, Italia) el 4 de octubre de 1886. Allí conoció a Don Bosco. Al terminar su primer año de secundario pidió ingresar a la scuola di fuoco (escuela de fuego) para hacer libre el segundo año y pasar directamente a tercer año, movido por un intenso deseo de crecer en la fe.

Hoy queremos seguir esta genial tradición, para formar los corazones orionitas con el mismo ardor de caridad que sentía Don Orione: “Ahora es el momento para que realices, en la enseñanza, una verdadera escuela de fuego; ¡Fuego de caridad, fuego de inteligencia, fuego de actividad sin descanso!” (escrito de 1939).

Las inscripciones para el primer año se pueden realizar hasta el 16 de mayo próximo. Ponemos esta iniciativa en las manos de María, para que el fuego de la mística orionita continúe encendiendo corazones puestos al servicio de nuestros hermanos más necesitados.

Más información:
Lic. Nancy Zapata
Directora de la “Escuela de Fuego”
escueladefuego@donorione.org.ar

 

 

¡Qué sorpresa MAMÁ… lo estabas esperando!

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¡Qué sorpresa MAMÁ… lo estabas esperando!

 

Hacia la celebración de los 100 años de la llegada de Don Orione y los primeros misioneros orionitas a la Argentina y el Uruguay, compartimos una serie de artículos que nos traen al presente nuestros orígenes como Familia Orinita en esta parte del mundo.

Por Prof. Fernanda Coronel, Grupo de Estudios Orionitas (GEO)
Segunda entrega

 

Que sorpresa mama 01

 

Mientras Don Orione estaba en Brasil en el año 1921, recibió una carta de invitación para venir a la Argentina pero, aunque hacía todo lo posible, no podía responder afirmativamente por el momento: los orionitas en Brasil tenían muchas necesidades y eran pocos los religiosos para tantos requerimientos. En estas circunstancias volvió a comunicarse con el P. Sterpi, quien −a la cabeza de la joven congregación en Italia− le respondió con espíritu de fe que le enviaba cuatro seminaristas.

Don Orione, entonces, comienza a contar las horas para seguir ayudando allí donde se lo pidiesen, pero con el paso de los días su preocupación de Padre se iba acrecentando. Sufría dolores en el corazón, pero los dolores físicos no lo frenaban. Lo que le dolía profundamente a Don Orione era el desamparo de los más frágiles, de los necesitados del encuentro con Jesús, y no poder hacer más.
Estaba ansioso y preocupado, cuando recibe nuevamente la invitación desde Argentina. Su deseo de hacerse todo para todos era cada vez más grande. Pero esta vez las palabras dirigidas por monseñor Silvani a Don Orione son las justas para que, como una locomotora a toda máquina, se pusiera en marcha: “En noviembre en la Argentina es el mes de la Virgen y de las flores. Aquí no hay nada para los pobres, para los últimos de la sociedad, no hay nada para los niños abandonados, para los desamparados…”. Hablarle a Don Orione de la Virgen y de los invisibles para la sociedad era irresistible. Además lo invitaba a predicar en la peregrinación de los italianos a Luján. Entonces respondió: “Estaré presente en la peregrinación a Luján. A los pies de la Virgen comenzará la misión de los Hijos de la Divina Providencia en Argentina; predicaré, haré todo lo que usted quiera…”.

 

En tierra argentina se manifiesta la Providencia

Así era Don Orione, arriesgado, confiado en Dios, experimentaba la ternura redentora de Jesús y se entregaba generosamente. El 8 de noviembre se embarcó en “El Deseado”. Por una recomendación hizo escala en Montevideo para poder tomar un vapor local y llegar más rápido a Buenos Aires, pero los trámites migratorios lo demoraron demasiado. Así, Don Orione no pudo llegar a tiempo a Luján, pero los santos siempre llegan a tiempo según el reloj de Dios.
Pisó suelo argentino por primera vez el 13 de noviembre de 1921. Al día siguiente monseñor Alberti, obispo de La Plata, le propuso aceptar la iglesia de Victoria (capellanía de San Fernando, en el norte del Gran Buenos Aires). La iglesia y la casa estaban abandonadas por falta de sacerdote. Le ofrecían numerosas obras y Don Orione, misionero de corazón sin fronteras, no podía elegir una y dejar otras.
En primer lugar fue a visitar la iglesia donde algo asombroso pasó: lo acompañaban Mons. Silvani, el P. Cullen y el P. Maximiliano Pérez en lo que sería un momento inolvidable: “Y mientras nosotros –escribiría después monseñor Silvani– observábamos y admirábamos las bellas líneas de la iglesia, [Don Orione] pareció perder el conocimiento; vimos que se separaba, con los brazos en alto y lo escuchamos gritar, como nunca lo habíamos escuchado, de alegría y entusiasmo, y como un niño lo vimos correr gritando siempre hacia la imagen de la Virgen que había llamado su atención y arrodillarse y rezar, conmovido y casi transfigurado... No entendíamos y le preguntamos por qué tanta efusión; él, señalando a la Virgen de la Guardia en el altar, dijo: ‘Pero ¿acaso no lo ven? ¡Es la Virgen de la Guardia! Vine a Argentina con la intención de edificar una iglesia a la Virgen, pero la Virgen fue más diligente que yo y me la da ya hecha... Cuando partí de Génova prometí consagrarle todas mis obras en América y ahora me siento feliz de verla honrada aquí’. Y dijo que aceptaba la iglesia sin pensarlo siquiera”.
La Providencia, esa amiga inseparable de Don Orione, disponía todo lo necesario para que ese hombre con corazón de niño, ese sacerdote alegre y apasionado, ese soñador santo, hiciera la voluntad de Dios en tierra argentina.

 

Comienza el amor entre Don Orione y “L’Argentina”

La Providencia tomó la mano de María y ambas esperaron a Don Orione en Argentina, el país que finalmente cautivó su corazón. Días más tarde de su llegada, después de ir a Luján para honrar a la Virgen, el 17 de noviembre escribió desde Buenos Aires a monseñor Grassi, obispo de Tortona: “Hoy comienza mi vida en el nombre del Señor y por las almas de estos huérfanos, en la caridad de Jesucristo. Estuve en el Santuario de Luján y envío un pequeño recuerdo con amor de hijo. Puse mi vida en el Corazón de Jesús Crucificado y no quisiera dejar en cada momento de brindárselo a la Santa Madre Iglesia y a los huérfanos: son mis grandes amores, por la gracia divina”.
Una vez aceptada la primera casa en Argentina, Don Orione regresó a San Pablo, Brasil, para la fiesta de la Inmaculada. El 15 de diciembre estaba nuevamente en Río de Janeiro. Allí se enfermó: el cansancio, el clima, la tensión, las decisiones, la preocupación por no poder hacer más debilitaban su cuerpo, pero no su corazón, lleno de misericordia por los demás.
Como el amor es siempre fecundo y creativo y busca las maneras de crecer e impregnarlo todo, el misionero Luis Orione comenzó a pensar en la necesidad de dar al pueblo vocaciones propias del lugar.
El obispo Silverio, de raza negra, vio en estas ideas de Don Orione la gracia de Dios operando como un soplo suave y renovador. “Las dos familias religiosas de color... deberán ser la fragua de donde surja un clero y religiosos comprometidos, a su vez, en suscitar y desarrollar vocaciones de color, dedicándose a la educación de la juventud negra más pobre; los misioneros negros así formados deberían llevar la Palabra y acción evangélica a África, allá de donde estos amados hermanos fueron traídos como esclavos, regresarán a llevar la libertad de los hijos de Dios”, expresó Don Orione en un escrito.
Para él ya no existían fronteras, razas, límites o divisiones, solo existía un amor infinito, una caridad suave y serena que sanaría todos los corazones, el sueño de Dios Padre para todos sus hijos.

 

Que sorpresa mama 01

 

Los primeros misioneros

El 15 de enero de 1922 partió desde Génova otro contingente compuesto por cinco religiosos misioneros: el P. José Zanocchi, el P. Enrique Contardi, el P. José Montagna, el P. Carlo Alferano y el seminarista Francisco Castagnetti. Llegaron el 1º de febrero y fueron recibidos por Don Orione en el puerto de Río de Janeiro. Don Orione subió al barco para ocupar el puesto del P. Alferano, quien descendió y se trasladó a la casa de San Pablo a la que había sido destinado. De esta forma, Don Orione vuelve a asumirse como padre de sus religiosos, acompañando a los misioneros hasta Argentina.
Les mostró las obras ya establecidas: la iglesia de Victoria, con una escuela de “artes y oficios” y un hogar en Marcos Paz (provincia de Buenos Aires). Con ellos fue, para quedarse, el seminarista José Dondero. Esta vez Don Orione se quedó más de tres meses en nuestro país y escribió numerosas cartas a las demás casas inauguradas en Latinoamérica. Por medio de sus escritos estaba cercano y presente con todos.
Pero a la vez, desde Italia reclamaban por su regreso. Como allí hacía falta su presencia decidió ir preparando su viaje de retorno. El 19 de marzo de 1922 nombró al P. José Zanocchi su representante para las comunidades de Latinoamérica y el 13 de mayo partió de Argentina.
El 18 de junio, durante la navegación, escribió el inolvidable himno a la caridad: “Anhelo cantar el cántico divino de la caridad, pero no quiero esperar a cantarlo cuando me vaya al Cielo. Por tu infinita misericordia te suplico, oh Señor y Padre nuestro de mi alma, me concedas la posibilidad de iniciar este cántico desde la tierra; aquí, Señor, ante este amplio horizonte de aguas y cielo, desde este Atlántico que me habla de tu poderío y tu bondad...”.
Era un canto de alegría desbordante por lo vivido entre los más pobres, por haber podido llegar a tantos corazones con la luz de la fe. Era el canto de un hombre de Dios conmovido ante la necesidad de sus hermanos, convencido de que no se puede esperar para hacer el bien, que “ahora” es el tiempo oportuno para “centrarlo todo en Cristo” (Ef 1, 10). Era el canto esperanzador de aquel que sabe mirar lo que viene y hacer todo lo necesario para que suceda.

 

Los primeros 100 años

Ya pasaron casi 100 años desde aquel 13 de noviembre de 1921 en que Don Orione llegó por primera vez a la Argentina. El sueño sigue intacto. Don Orione continúa anhelando llegar a nuevas tierras. Quiere seguir sembrando a Jesús en el corazón de los hombres. Sigue buscando nuevas orillas donde desembarcar: hoy las orillas son los márgenes donde están los olvidados, los mirados con desconfianza, los que no tienen oportunidades, los que necesitan que alguien les pregunte sobre sus dolores, que alguien los acompañe, que camine a su lado y confíe en ellos.
Nuestro pueblo argentino necesita, como hace 100 años, que Don Orione venga nuevamente en sus hijos santos. En hijos que tengan en el corazón el mismo sueño misionero, que no puedan descansar mientras alguien sufra el desamparo, dispuestos a vivir la revolución de la ternura que enseña el Papa Francisco y a construir una familia grande donde todos son bienvenidos y la vida es asumida con fortaleza comunitaria.
Cada uno de nosotros puede ser ese orionita hoy, para seguir tejiendo la historia de salvación, la propia y la de nuestra gente; para que María siga extendiendo su manto y cobijando a todos sus “pequeños”. Si sueñas, si escuchas que te llaman por tu nombre, no tengas miedo, no calcules, no te guardes, no esperes hasta que seas perfecto. Hay un barco listo para zarpar como hace muchos años, con nuevos misioneros orionitas que desean anunciar a Jesús en los corazones de toda la Argentina. 

 

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