30.000 orinonitas en Plaza San Pedro
Eran las primeras horas de la mañana del 16 de mayo y muchas personas esperaban la apertura del acceso a la Plaza San Pedro. Los voluntarios se esmeraban en ayudar a ubicarse en los sectores reservados a los miles de peregrinos llegados para participar de la canonización de seis nuevos santos de la Iglesia.
La mayorÃa de esos peregrinos eran orionitas -entre ellos más de 200 provenientes de Argentina- quienes rápidamente llenaron el ámbito de la celebración con la alegrÃa de sus cantos y su música.
Atrás habÃa quedado una semana en la que Roma se vio “invadida†por Don Orione. Provenientes de los cinco continentes, los hijos y amigos del Apóstol de la Caridad se mezclaron en diferentes sitios de la Ciudad Eterna, entre abrazos y saludos en diferentes lenguas, participando de las actividades y ceremonias que habÃa preparado el Comité Organizador de la Canonización.
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“Declaramos y definimos santos...â€
“Canten al Señor, aleluya, un canto nuevo, aleluya...†A las 10 de la mañana en punto, el canto de ingreso de la misa impregnó de santidad la jornada. El rito de la canonización, al comienzo de la misma, hizo todavÃa más intenso el momento. El cardenal José Saraiva Martins, Prefecto de la Congregación de la Causa de los Santos, dio lectura a una breve biografÃa de los seis beatos que serÃan canonizados.
Después del canto de las LetanÃas de los Santos, el Papa pronunció la solemne fórmula de la canonización: “Declaramos y definimos santos...â€. Y nombró a cada uno de ellos. Un largo aplauso partió de la inmensa asamblea de los presentes, mientras las miradas se posaban en los seis retratos colocados sobre la fachada de la BasÃlica de San Pedro, entre ellos el de San Luis Orione con su inconfundible sonrisa.
Aunque la alegrÃa era por los nuevos santos, para los orionitas resultó una explosión emocionante escuchar de la voz del Santo Padre decir de nuestro Padre Fundador: “El corazón de este estratega de la caridad no tuvo ‘fronteras porque fue dilatado por el amor de Cristo´...â€
Entonces, los peregrinos sintieron en sus corazones que estaban asistiendo al “nacimiento†de un santo cuya obra no deja de asombrar a la humanidad.
Palabras de Juan Pablo II en la homilÃa de la Misa de Canonización
"Hombres que han entregado su vida a la causa de nuestro Señor Jesucristo" (Hch 15, 26). Estas palabras de los Hechos de los Apóstoles pueden aplicarse bien a san Luis Orione, hombre totalmente entregado a la causa de Cristo y de su reino. Sufrimientos fÃsicos y morales, fatigas, dificultades, incomprensiones y todo tipo de obstáculos marcaron su ministerio apostólico. "A Cristo, la Iglesia y las almas -decÃa- se los ama y sirve en la cruz y crucificados, o no se los ama y sirve" (Escritos, 68, 81).
El corazón de este estratega de la caridad "no conoció confines, porque estaba dilatado por la caridad de Cristo" (ib., 102, 32). El celo por Cristo fue el alma de su vida intrépida, el impulso interior de un altruismo sin reservas y el manantial siempre fresco de una esperanza indestructible.
Este humilde hijo de un empedrador proclama que "sólo la caridad salvará al mundo" (ib., 62, 13) y repite a todos que "la perfecta alegrÃa está sólo en la entrega perfecta de sà a Dios y a los hombres, a todos los hombres" (ib.).
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