
Alejandro Demoor tiene 49 años, vive en Mar del Plata donde trabaja actualmente en el área administrativa del Colegio Don Orione.
Para los que conocieron la época del servicio militar, fue conscripto “clase 62” y uno de los miles de jóvenes que estuvieron en la guerra de Malvinas. Durante dos meses combatió en Monte Longdon, punto donde se luchó hasta el último día.
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Malvinas, un complejo desafío a los sentimientos y la razón
Por Alberto Pelagallo
Publicado en edición Nº54 de Revista Don Orione / Abril 2012

Frente al tema Malvinas es prácticamente imposible permanecer indiferente. Para la sociedad argentina sigue siendo una herida abierta, una historia no cerrada en la que la reivindicación legítima se abraza a las emociones profundas. En definitiva, para gran parte de nosotros, Malvinas es, antes que nada, un sentimiento.
Quizás por ello nos resulta difícil pensar, hablar y -mucho más- debatir sobre el tema sin partir de la sentencia “las Malvinas son argentinas”. Cualquier intento que nos implique corrernos un centímetro de ese lugar nos hace ruido en el corazón, nos pone en un lugar incómodo. No se nos ocurre ser “pragmáticos” con las Malvinas. ¡Cómo serlo con los sentimientos!, ¿verdad?
Los hechos y palabras de la escalada entre nuestro país y Gran Bretaña de los últimos meses, nos vuelve a enfrentar con una realidad en la que los sentimientos no cotizan y los argumentos jurídicos, intereses económicos y necesidades políticas arman un entramado de tan compleja solución que nos recuerda al famoso cubo de Rubik.
Si alguna vez lo tuvimos en nuestras manos, sabemos que el también llamado “cubo mágico” ponía a prueba la inteligencia, la perspicacia y –muy particularmente– la paciencia. El cubo planteaba un problema que podía resolverse. Pero la cantidad de variantes a tener en cuenta lo hacían casi inaccesible para la mayoría de los mortales. Su inventor –el profesor de arquitectura húngaro Ernö Rubik– lo usaba para ayudar a sus estudiantes a resolver el problema de mover independientemente las partes de una estructura entera sin que esta se desmoronara.
Al intentar armar el cubo, la sensación dominante solía ser la frustración: la tarea de varias horas podía hacerse añicos con apenas un movimiento equivocado. Y entonces, a empezar todo de nuevo.
El cubo mágico nos hizo pensar en Malvinas y la necesidad de mantener vivo el sentimiento, a la vez que explorar –sin miedos– los mejores caminos que podamos encontrar para una solución pacífica a la disputa territorial y el ejercicio de la soberanía sobre las islas.
Argumentos y razones para una paz activa
“Considero que es correcto tanto el justo reclamo de soberanía como el camino diplomático elegido”, afirmó en diálogo con Revista Don Orione Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina.
Monseñor Arancedo, aclaró en la charla que sus apreciaciones eran a título personal y que no significaban una toma de posición institucional de la Iglesia.
Expresó su firme creencia que Malvinas “es una causa justa, por razones históricas, geográficas, jurídicas, y que el camino debe ser el diálogo, la negociación, en un contexto de paz activa, que es mantener el reclamo bilateral con Inglaterra, en diálogo también con los isleños, y la presencia firme en los foros internacionales, desechando de plano la guerra y comprometidos con un reclamo justo”.
- Mencionó que se debe contemplar a los isleños, uno de los aspectos del tema Malvinas que ha recobrado protagonismo últimamente. ¿De qué manera?
- Para los isleños, pertenecer a la Argentina debe asegurarles ser reconocidos en sus derechos, intereses y que se preserven todas sus garantías. Argentina es un país grande y abierto, con la posibilidad y la tradición de integrar a personas y grupos de diferentes lugares del mundo. Será importante demostrar que no es nuestra intención como pueblo ir a las islas y echar a todos. Nuestra misma Constitución Nacional señala “y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”. Debemos decirles a los isleños que serán bienvenidos
- Como pastor, ¿qué observa que el tema Malvinas despierta en el pueblo?
- La conciencia es muy arraigada y profunda. “Las Malvinas son argentinas” es un sentimiento que está en el corazón de los argentinos. Siempre ha sido parte de nuestra identidad, desde chicos, cuando en la escuela veíamos en los mapas a las islas como parte de nuestro territorio. El pueblo argentino toma y siente a las islas como algo que le pertenece legítimamente. Pero eso no debe llegar a una escalada bélica que puede desviarnos del camino de la paz activa, la paz de argumentos, de razones. Los dirigentes deben demostrar prudencia y sabiduría, para no llevar la situación a un punto extremo.
- ¿Siente que hay intención de un debate profundo y respetuoso al interior de nuestro país para buscar soluciones nuevas, creativas?
- Debe darse. Es cierto que puede haber posturas encontradas. No hay que temerle a la discusión. Pero es claro que de parte del Gobierno está la responsabilidad de mantener vivo el reclamo de algo que es justo, en los niveles que corresponden. Y dar muestras claras de que nuestro país ha desactivado cualquier tipo de acción bélica. Pero no hay que hacer del tema Malvinas una apropiación política, ni oficial ni partidaria, porque es un tema que hace a todos los argentinos. Debe haber una grandeza de estadistas, de poner a la Nación por delante de los intereses particulares. Ya es tiempo para que, junto a nuestros dirigentes, hagamos que el sentimiento profundo que nos despierta el tema Malvinas sea honrado por una razón inteligente, que le dé a la paz la oportunidad posible de concretarse.
Una cuestión de la sociedad en su conjunto
La de Malvinas “es una cuestión de la sociedad en su conjunto”, señaló Mons. Jorge Lozano, obispo de Gualeguaychú y presidente de la Pastoral Social de la Iglesia en diálogo con Revista Don Orione. “No es algo que le pertenezca a un sector de la sociedad, ni a la política, ni a la justicia, ni a los intelectuales. Hay una conciencia del pueblo de la soberanía sobre Malvinas. Y esto tiene una tradición instalada en la sociedad”, agregó monseñor Lozano.
Consultado si nota que hay predisposición desde los diferentes sectores de la vida política y social para hacer de Malvinas un tema de todos, el obispo de Gualeguaychú enfatizó que “el tema es de todos, más allá de lo que hagan las autoridades o los partidos políticos; no sé que pasos concretos se darán para que haya un diálogo y un debate amplio y franco, pero sería bueno que sucediera así”.
- Como responsable de la Pastoral Social, usted tiene un conocimiento profundo de la realidad social de nuestro país, y también del pensamiento y el sentimiento del pueblo argentino. ¿Cómo percibe que se manifiesta el tema Malvinas?
- Tiene una presencia estable en la conciencia de los argentinos. Diferente es el caso de la agenda de los funcionarios y autoridades y de los medios de comunicación. Pero en el conjunto de la sociedad, está presente de manera estable. Hoy se nota una opinión ampliamente negativa con respecto a la guerra y las decisiones que se jugaron en ese momento. Pero el tema está muy presente, a flor de piel y con argumentos. Creo que hemos ganado en conciencia como sociedad que los derechos legítimos es bueno reclamarlos, y que para eso es importante acudir a los medios institucionales adecuados, como el diálogo, la búsqueda de consenso, presentaciones en los organismos internacionales pertinentes, como las Naciones Unidas. Aprendimos que los conflictos hay que solucionarlos por las vías del diálogo.
¿Se puede negociar?
“La idea de llevar un diferendo como el de Malvinas a las Naciones Unidas, implica pasar a debatirlo en un foro donde debe dejarse de lado la agresión bilateral en cualquiera de sus formas, para iniciar un camino concreto de resolución del conflicto”, comentó la Prof. Silvia Perazzo, investigadora en temas internacionales y presidenta de la Asociación para las Naciones Unidas de la República Argentina (ANUAR), entidad que lleva adelante iniciativas de divulgación y capacitación académica sobre los principios y valores de las Naciones Unidas. Como tal, es una gran conocedora de los mecanismos de negociación en el sistema ONU.
- ¿Cuál es la significación que tiene para nuestro país que el tema Malvinas se trate en la próxima Asamblea General?
- Naciones Unidas divide su trabajo en seis comisiones. Donde se trata este tema es la de Descolonización. La agenda se va renovando año a año y se fija entre septiembre y octubre, pero debido a la escalada de declaraciones que hubo de un lado y del otro, recientemente se agregó el tema Malvinas.
Sin dudas, las declaraciones del Primer Ministro inglés, David Cameron, tildando descabelladamente a la Argentina de colonialista, y luego la denuncia de nuestro país sobre la militarización del Atlántico Sur, llamaron la atención del secretario General de la ONU, Ban Ki-Moon. Lo más grave fue la denuncia de presencia de submarinos con posible armamento nuclear. Eso es una amenaza a la paz y a la seguridad internacional y Argentina lo denunció.
- ¿Qué importancia tiene que el propio Secretario General haya tomado el tema?
- Lo que hizo el Secretario General fue ofrecerse como mediador en el conflicto, una figura que acerca a las partes. La mediación busca bajar los decibeles de algo que no reviste una enorme gravedad política para la comunidad internacional, y así retomar la senda de las conversaciones. Para Naciones Unidas no es tan grave la cuestión como para que Argentina y Gran Bretaña no se puedan sentarse a negociar.
- ¿Qué le implicaría a Argentina sentarse a negociar para tratar de destrabar la cuestión?
- Si el objetivo de Argentina es destrabar la cuestión tiene que asumir la realidad, el contexto donde se dan las negociaciones. Con los argumentos conocidos de ambas partes no se llegó a nada en 200 años, lo que beneficia directamente a Gran Bretaña porque tiene la posesión de facto de las islas.
Argentina debería asumir que se sienta a la mesa de negociaciones con una potencia ocupante y que, si bien no tiene legitimidad de origen, tiene cierta legitimidad de ejercicio. En un curso sobre mediación internacional, una de las cosas que siempre se nos decía es: “Hay que ser creativo. Siempre hay posibilidad de negociar; siempre existe la posibilidad de plantear la misma cosa bajo otra luz. El mismo escenario, pero con otra luz, se ve distinto”. Creo que diplomáticamente habría que calmar las aguas, tratar de sacar una resolución de Naciones Unidas que sea lo más favorable posible a la Argentina, y sentarse a dialogar más hacia fin de año con otro espíritu. Igualmente, para negociar se necesita que las dos partes enfoquen el tema de otra forma. Sin dudas, en el caso de Malvinas esto es complicado.


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