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Algo más que catequesis

A fines de marzo comenzó la catequesis. A tal fin se llevó a cabo una reunión, para anotar a los que tenían ganas de sumarse. “Dimos una pequeña charla con los chicos y algunas abuelas, y al otro día hicimos con ellos un momento de juegosâ€, cuenta el P. Hernán. Tenemos más de 30 chicos de entre 8 y 10 años. Además de la catequesis de los sábados, los domingos se hace un encuentro más abierto, y para los más chiquititos, hay juegos y actividades libres. En todo esto, si bien la catequesis es importante, tanto el párroco como los misioneros, la ven como la ocasión para el acercamiento y el necesario encuentro. Así lo expresa Hernán, a modo de deseo sentido por muchos: “Además de un centro para catequesis, quisiéramos poner más adelante un comedor, un apoyo escolar para los chicos y un centro de formación laboral para mujeres; sobre todo, con el objetivo de que tengan una identidad propia, al menos desde el hecho de trabajar en comúnâ€.

 

   





































Compartiendo la tierra, la historia y la identidad

Presencia orionita en asentamientos de Claypole

Por Germán Cornejo
Publicado en edición Nº52 de Revista Don Orione / Mayo 2011

Compartiendo_la_tierra_la_historia_y_la_identidad-01Diciembre de 2008. La Capilla Nuestra Señora del Rosario de Claypole estaba en los preparativos para la Navidad. Al mismo tiempo, comenzaba a circular la noticia de que un grupo de personas se había instalado con carpas en un baldío lindante al Barrio Don Orione. Conflictos entre nuevos y viejos vecinos, infantería y cámaras de televisión confirmaban la noticia, cual dolores de parto dando a luz una nueva realidad.
Así fue como el 6 de diciembre de ese mismo año los terrenos de Av. Araujo y Blas Parera dejaron de ser baldíos. Ese día nació el asentamiento que lleva por nombre la fecha en que fue ocupado, y que los vecinos prefieren llamar “Las Tapitasâ€.

Comienzos del asentamiento

El P. Hernán Martín, que asumió como párroco de la comunidad Sagrado Corazón de Claypole en febrero de 2010, cuenta que “desde la primera misión que encaró la Capilla del Rosario hasta el día de hoy, la población del asentamiento se triplicó en cantidad de habitantes; o quizás másâ€.
La mayoría de estos nuevos vecinos eran familias jóvenes, con padres que rondaban los veintipico de años y varios hijos muy pequeños. Casi ninguno tenía agua, ni sanitarios, ni electricidad. Sólo algunos tenían documentos.
Habían llegado desde historias y geografías diversas: en algunos casos venían de haberse juntado hasta cuatro familias en un solo departamento de dos dormitorios en el Barrio Don Orione. Otros llegaban de la zona de Florencio Varela, igualmente apremiados por la necesidad de vivienda.
“En los inicios eran tan sólo unas tres o cuatro manzanas con familias muy humildes, que sufrían el frío y la lluviaâ€, recuerda Lucas Abregú, integrante del Grupo Misionero de la Capilla.
La crudeza del invierno entre lonas, maderas y chapas de cartón llegó a tornarse mortal. De hecho, aún se recuerda con dolor el caso de aquella mamá del barrio que no pudo hacer frente a las inclemencias del tiempo, ni al desamparo más absoluto, para impedir la partida irreparable de su hijito de apenas dos meses.

Compartiendo_la_tierra_la_historia_y_la_identidad-02Se extiende el barrio

Hoy, a tres años de aquella primera ocupación, se ve cómo el barrio se fue extendiendo a fuerza de necesidades. Ya no se trata de un asentamiento sino de tres, bien diferenciados: además del mencionado “6 de diciembreâ€, se tomaron otros terrenos linderos, dando origen a los barrios “Gauchito Gil† y otro que lleva por nombre “2 de mayoâ€, la fecha en que terminó de ocuparse.
Lejos de las publicidades inmobiliarias, que –como muestran los diarios– sólo ofrecen departamentos para inversionistas (muchos de ellos, luego alquilados a precio de usura) o viviendas de lujo destinadas a una minoría de altísimo poder adquisitivo, en el asentamiento hasta tuvieron que sufrir una chanchada con tal de resolver el problema de hábitat: los campos que ocuparon habían sido alquilados para criar cerdos. Y, al parecer, el inquilino vio que vender los terrenos que había alquilado sería una chanchada más rentable. Ahora tendrá que rendir cuentas ante la Justicia.
Así fue como llegaron cientos de familias, pagando 6 mil pesos por terrenos de 10 por 30, ubicados en lugares bien demarcados, respetando el trazado de las calles existentes.

Compartir la tierra, la historia y la identidad

Detrás de cada alambrado o cerco hecho con las típicas tarimas que se usan para transporte de cargas, se puede escuchar una historia de sacrificios, incertidumbres y conquista.
Tamara y su marido compraron una casilla en un terreno donde viven con sus dos hijos. Antes alquilaban un departamento, pero la precarización del laboral y los precios de los alquileres los llevó a buscar un lugar donde no tuviesen que decidir entre el desalojo o el hambre. “Hace tres meses que estamos acá, pudimos poner la luz y aislante en el techo para pasar el invierno; todo nos cuesta un montónâ€, confió Tamara.
“Teníamos que hacer nuestras necesidades en un baldecito, y nos organizábamos con los vecinos para cocinar a leñaâ€, cuenta Maira, quien decidió instalarse con su marido y sus cinco hijos soportando esas carencias, antes que seguir viviendo hacinados en una piecita del Barrio Don Orione. “Con el dinero que recibimos de los planes sociales fuimos comprando ladrillos y ahora mi cuñado nos está ayudando a construir la casaâ€, concluye esperanzada.
Cinthia es otra joven madre que vive con su familia en el “2 de mayoâ€. No le quedó otra que comprar un terreno que está pegado a lo que queda del criadero de cerdos. “En mi casa limpio todos los días y tiro remedios para que no vengan las moscas, porque nosotros somos pobres pero no somos chanchosâ€, dijo Cinthia haciendo gala de su sentido del humor.
Rosa fue una de las primeras vecinas en llegar al mismo barrio. Ella buscó ayuda en la Municipalidad y en otros organismos, sin obtener respuestas satisfactorias. Ahora se da cuenta que lo más importante es unirse y conformar una comisión barrial, para que el reclamo por condiciones de vida digna tenga más fuerza. Además, ven cómo el compartir la tierra, les hace buscar compartir otras cosas, también una historia y una identidad. Se van autoconvocando personas que están ávidas de organizarse.
“Algo que los describe es que no permitieron meterse a familias que venden drogas y hasta les quemaron la casa; quieren crecer de la mejor manera posibleâ€, dijo el P. Hernán. Y continuó: “Vemos que tienen la inquietud de afincarse y de crear una organización barrial. Ojalá nosotros podamos serles útiles para esoâ€.

Compartiendo_la_tierra_la_historia_y_la_identidad-03Un lugar para el encuentro

Ya desde de la primera ocupación de terrenos, en 2008, la comunidad de la Capilla del Rosario había salido al encuentro de los nuevos vecinos, recorriendo el barrio y acercando alguna invitación o compartiendo un mate caliente; también, a través de Cáritas, tratando de dar respuesta concreta al problema alimentario.
Un paso más se iba a dar con la Pascua de 2009, cuando 13 niños recibieron el bautismo. Ahí empezaba a surgir más fuerte la necesidad de organizarse como comunidad. Se hicieron varios intentos de reservar algún terreno para uso común, pero era difícil porque al día siguiente ya había otra persona o familia que lo ocupaba.
El P. Hernán, durante una celebración planteó la necesidad de un espacio de encuentro. Fue así que Don José, habitante del “2 de mayoâ€, se puso de pie y ofreció su propia casa para que los chicos pudieran tener catequesis. “Cuando llegué acá vi que hacía falta educación cristiana, por eso mi deseo es que los chicos del barrio crezcan cristianamente, y ahora se va cumpliendoâ€, dijo Don José, abuelo y bisabuelo de 71 años, que hace un tiempo tuvo que dejar su casa en el Paraguay, debido a que su pequeña producción agropecuaria ya no le permitía solventarse.
El P. Hernán cuenta cómo la casa de Don José se convirtió en el punto de encuentro: “Cada vez que nos reunimos ponemos una pequeña carpa en su terreno. Estamos recibiendo donaciones de almohadones, plásticos para el piso y algunas otras cosas como para poder estar con los chicos cuando venga el fríoâ€.
Las mismas ganas de compartir tiempos que tiene la gente, va ayudando a que de a poco vayan creciendo los vínculos. “Hoy en día vienen con frecuencia a la Capilla, hacen cursos, participan en jornadas de lectura de la Biblia, de promoción humana, todo eso está bueno, pero ya resulta insuficienteâ€, cuenta el P. Hernán.
Y termina diciendo: “Es lindo que algunas familias vengan a la Capilla del Rosario, que participen y que reciban cosas e información. Pero eso es nada, comparado con la cantidad de familias que viven allí. Por eso es que, tanto desde la Parroquia, como desde la Capilla, nuestra idea es estar en medio de la gente, no de visita, sino de manera permanenteâ€.

 

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