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Valores inspiradores

El carisma orionita

El carisma de Don Orione consiste en “vivir y difundir el conocimiento y el amor de Jesucristo, de la Iglesia y del Papa, especialmente en el pueblo y en los pobres más alejados de Dios y más abandonados” con el fin de que cada persona pueda encontrar la propia dignidad y la libertad de los hijos de Dios. Los laicos y laicas del MLO confiados en la Divina Providencia, como Don Orione, se comprometen a vivir el carisma y a construir un mundo más justo y más humano, en permanente atención a los signos de los tiempos, para “Instaurare Omnia in Cristo”.

 

Aspectos característicos de la espiritualidad orionita

Los laicos y laicas del MLO son herederos de los cuatro grandes amores de Don Orione: Jesús, María, Papa, Almas.

1. JESÚS: “El sólo es la fuente viva de fe y caridad que puede restaurar y renovar al hombre y la sociedad” .

2. MARÍA: a quien “nosotros veneramos y proclamamos como Madre nuestra y celestial fundadora de la Pequeña Obra”.

3. PAPA: “el Papa es el Vicario de Jesucristo nuestro Dios y Redentor; es el dulce Cristo en la tierra, como lo llamara Santa Catalina de Siena; es nuestro guía seguro; es nuestro maestro infalible, es nuestro verdadero Padre”.

4. ALMAS: “¡Almas y almas!. Esta es nuestra vida, nuestro grito, nuestro programa, todo nuestro espíritu, todo nuestro corazón”.

Por lo tanto se reconocen como aspectos característicos de la espiritualidad orionita: el compromiso con la caridad que es la única capaz de salvar al mundo ; la confianza activa en la Divina Providencia, el amor a la Eucaristía, a Cristo Crucificado, a la Virgen, a la Iglesia y al Papa; la valorización y el respeto de la persona, con especial atención a los pobres más pobres, a los excluídos y a los más alejados; el espíritu de pobreza evangélica y el espíritu de familia; el espíritu misionero y la pasión por la unidad; el optimismo en la fe, la alegría, la humildad, la sencillez, la esperanza, la acogida, el compartir y el espíritu de sacrificio; la audacia, la disponibilidad y la atención a las nuevas formas de pobreza .

 

Don Orione con los laicos

Para realizar el “sueño” de llevar el Evangelio y la caridad a todos los pueblos, Don Orione, pionero en la promoción de las vocaciones laicales, entendió perfectamente que debía buscar la colaboración y la corresponsabilidad de los laicos; ellos participarían en las actividades de la Pequeña Obra en el campo de las realidades temporales, con los religiosos y religiosas e irían allá donde ellos ordinariamente no pueden llegar, asegurando así la presencia de la Iglesia en el servicio misionero y apostólico de la caridad. La atención particular, afectuosa y paternal de Don Orione a los laicos se ve reflejada en muchos de sus escritos y de sus cartas personales, donde no dejaba de compartir con ellos las aspiraciones de su espíritu y de ayudarlos con su consejo. Todo esto se debe a su honda intuición de que el pueblo cristiano es el verdadero artífice de la renovación de la sociedad.

 

Espíritu apostólico orionita

El Espíritu Santo está suscitando en la Iglesia, una conciencia más viva de la vocación de los laicos y de su misión para renovar en Cristo al hombre y a la sociedad. Para encarnar la consagración bautismal, con la mirada puesta en Don Orione, los laicos y laicas orionitas se comprometen, con alegre disponibilidad a:

1. “ser fermento, una fuerza pacífica de renovación cristiana”” sembrando a Cristo en el corazón de los hombres, de la sociedad y de las culturas, estando al servicio de los jóvenes, de los “pobres más pobres” y de la Iglesia.

2. construir el Reino de los Cielos a través de gestos y obras de caridad y con la promoción de la justicia y la denuncia de los atropellos a la dignidad humana, respetando la diversidad de dones y la vocación de cada persona y de cada comunidad, de cada pueblo y de cada grupo, llegando a ser una sola cosa en el carisma de nuestro Padre Fundador;

3. formar a los niños, a los jóvenes y a los adultos en los valores espirituales y civiles de la libertad, la tolerancia, la fraternidad, la justicia, la solidaridad y la responsabilidad;

4. adherir a las palabras del Papa a los laicos para el tercer milenio: “prosigan en el camino de la esperanza, construyendo el futuro desde vuestra específica vocación cristiana. Firmemente enraizados en Cristo y sostenidos por las enseñanzas siempre actuales del Concilio Vaticano II, testimonien el Evangelio a los hombres de nuestro tiempo” .

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