| |
Sucesos
de su vida

La
Virgen en un barrio difícil
La
guerra es la cruel enemiga del amor cristiano. Todo se quiebra y
destruye: los hombres se matan unos a otros con saña, la
muerte reina en las ciudades, las lágrimas y el luto inundan
a las familias. El corazón de Don Orione sangra con todos
estos males, y quisiera consolar a todos los que lloran.
En años anteriores había organizado peregrinaciones
multitudinarias llevando miles de fieles a Caravaggio, a Ntra. Sra.
de la Guardia en Génova, y a otros lugares marianos.
"Se trataba de verdaderas muchedumbres -diría él-;
de masivas respuestas de fe y devoción a la Santísima
Virgen."
A causa de la guerra, han cesado las peregrinaciones. Pero Don Orione
igualmente invoca a la Santísima Virgen por la nación,
en especial por los soldados en el frente de batalla y por su querida
Tortona. Y exhortar a todos a hacer lo mismo, comprometiendo a la
ciudad toda en un voto público; el de construir un grandioso
santuario mariano. Lanza esta iniciativa precisamente en el Barrio
de San Bernardino, el más difícil y turbulento barrio
de Tortona; tanto que si los sacerdotes se atrevían a poner
los pies en él -así sea para cumplir con su ministerio-
corrían serios peligros.
Pero allí hay una humilde iglesia del siglo dieciséis,
nada menos. Serían las mismísimas lavanderas, las
mujeres más aguerridas del barrio, las que tomarán
cartas en el asunto y le dirán a Don Orione:
- Ud., Don Orione, venga nomás; que si alguno
se atreve a molestarle, nosotras saldremos en defensa suya, con
nuestros zuecos y chancletas.
Y
fue allí donde ya existía la devoción a la
Virgen de la Guardia, donde por aclamación popular se hizo
el voto de construir un santuario. Era el 29 de agosto de 1918,
fiesta de la Guardia.
En noviembre de ese mismo año la guerra termina. ¡Gloria
y honor a la Santísima Virgen! ¡Don Orione rebosa de
alegría! Para la fiesta de la Guardia de 1919, el 29 de agosto,
encabezar una solemne procesión que sale del mismísimo
San Bernardino -barrio cerrado a los "curas"-; y llegados
a la catedral, se renovará solemnemente la promesa del santuario.
En los años posteriores la procesión llegará
hasta lo alto del antiguo "castillo", y en medio de la
luz de miles de antorchas, subido a la torre milenaria, Don Orione
enfervorizará a las masas con palabras de fe en Dios, de
amor a la Santísima Virgen, a la patria, al Papa; de agradecimiento
por los pasados peligros de la guerra, de bendición y esperanza
para el futuro de la ciudad de Tortona.
|
|