Texto completo de la reflexión
de Mons. Adolfo Uriona fdp,
al final de su consagración episcopal

ÉL PASÓ HACIENDO EL BIEN
Eminentísimo Sr. Cardenal Jorge Bergoglio
S.E.R. Sr. Nuncio Apostólico, Mons. Adriano Bernardini
Queridos hermanos en el Episcopado, sacerdotes,
consagrados y pueblo fiel todo
Al preparar este mensaje pensé en hablarles
de los sentimientos contrastantes que brotan de mi corazón:
temor y confianza; angustia y gozo, dolor por el desprendimiento
de mi familia religiosa y alegría por la adopción
de una nueva familia, y así tantas cosas… Sin
embargo dejaré todo este cúmulo de cosas en
manos de María Santísima y muy dentro del corazón
de Don Orione.
Más bien quisiera hablarles de algunas
“certezas de Fe”; la roca en la que hoy, más
que nunca, quiero apoyar mi débil existencia.
Por eso, voy a compartir brevemente con ustedes
el texto de la Palabra de Dios que inspiró el lema
de mi consagración episcopal:
“ÉL pasó haciendo el bien…”
Esta frase se encuentra en el centro del ver.
38 del cap. 10 de los Hechos de los Apóstoles y, a
su vez, está inserta en el discurso que Pedro hace
en casa de Cornelio, el primer pagano que recibirá
el anuncio del Cristo muerto y resucitado.
Este gesto de Pedro de entrar en casa de un
pagano, que después le costará sus serios disgustos
con la Iglesia de Jerusalén, es trascendental. Significará
que la Iglesia comienza a ser “católica”,
universal, trascendiendo las estrechas fronteras de Israel.
Se comienza a perfilar la Buena Noticia de que toda la humanidad
está destina a ser Pueblo de Dios.
En los versículos 37-38 leemos:
“Ustedes ya saben qué ha ocurrido
en toda Judea, comenzando por Galilea, después del
bautismo que predicaba Juan: cómo Dios ungió
a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo, llenándolo
de poder. Él pasó haciendo el bien y curando
a todos los que habían caído en poder del demonio,
porque Dios estaba con él”
Pedro apela a hechos conocidos pero les da
su auténtica interpretación que va más
allá del simple aparecer histórico…
a. “Dios ungió a Jesús
de Nazaret con el Espíritu Santo llenándolo
de poder”: Pedro se refiere al hecho singular del bautismo
de Juan donde el Espíritu de Dios desciende sobre Jesús
en forma de paloma y el Padre revela que Jesús es el
Hijo muy querido, el predilecto. Desde allí comenzará
su misión con poder.
Quisiera afirmar con vehemencia la realidad
de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre: Él
es el “HIJO”, el “ungido”; el “Camino,
la Verdad y la Vida”, sólo ÉL es el que
puede dar sentido pleno a todas las cosas.
b. Más adelante el texto continua:
“ÉL pasó haciendo el bien y curando a
todos…”: experimento que este versículo
ilumina de lleno mi misión episcopal.
Ante todo “Jesús pasó”:
Cristo, el Verbo de Dios eterno, al hacerse carne, ha querido
asumir un destino humano y con él la precariedad de
una historia humana; por lo tanto su vida fue un pasar, un
tránsito muy breve por la historia de la humanidad.
Quisiera ser muy lúcido y ver con claridad
este aspecto de la vida de un hombre en esta tierra: su precariedad.
“El hombre es como la hierba que hoy existe y mañana
se seca…”
Así es hermanos, frente a la propuesta
de este mundo “posmoderno”, que en su necedad
quiere aferrarse al presente como si fuera un “absoluto”,
yo le quiero gritar nuestra condición de “peregrinos”…
No tenemos aquí morada permanente y la vida es un tránsito,
o mejor un peregrinar –lleno de esperanza– hacia
la casa del Padre.
Ahora bien, no nos equivoquemos; esta condición
de peregrinos nos invita como cristianos, a no evadirnos en
el mundo que vendrá, a no huir hacia el futuro sino
a “hacer el bien” “aquí y ahora”.
¡Qué magnífica oportunidad el Señor
me concede de gastar mi vida por el bien de los hermanos,
así “cómo ÉL pasó haciendo
el bien”!
¡Cómo quisiera poder ser como
el Buen Samaritano y así curar las heridas de mis hermanos
que sufren tanto en el Cuerpo y en el espíritu con
el óleo de la esperanza y el vino de la alegría!
¡Le pido con vehemencia a Dios que me
ayude a vencer mi gran egoísmo y pueda aprovechar los
años que me quedan de vida, a fin de quemarla por los
demás, en especial por los más pobres! ¡Estoy
convencido que la diócesis de Añatuya será
mi gran oportunidad!
Esto me lo enseñó Don Orione,
con su palabra y ejemplo…
Finalmente continúa el texto diciendo:
c. “porque Dios estaba con ÉL”:
¡cuánto consuelo nos trae estos textos bíblicos
los cuales nos aseguran esa presencia divina que apuntala
nuestra debilidad innata!
“Yo estaré contigo” le
decía Yavé a Moisés, a Jeremías.
“Yo estaré con ustedes hasta el fin del mundo”
les aseguraba el Cristo resucitado a los apóstoles,
antes de enviarlos.
Hoy deseo que el Resucitado me lo diga a mí,
porque lo necesito mucho, muchísimo. Como sucesor de
los apóstoles comparto con ellos su misma debilidad
y su enorme perplejidad ante la dificultad de la misión.
Cuando en la Nunciatura, con el corazón
acongojado por la noticia que el Sr. Nuncio acababa de darme,
le escribía al Santo Padre para aceptar el nombramiento
de Obispo de Añatuya, diciéndole: “todo
me queda grande, el episcopado, la diócesis…,
pero también que era Hijo de Don Orione y que renovaba
mi Fe en el Padre Providente que gobierna la historia grande
de la humanidad y nuestra pequeña historia personal…”
Por supuesto, la PROVIDENCIA siempre está…,
esto también nos lo enseñaba con su testimonio
nuestro Padre Fundador, Don Orione.
Quiero ir finalizando con una Acción
de Gracias… ¡Cómo no agradecer!
· Al Padre que me ungió, como
a su Hijo con el Espíritu Santo…
· A la Madre Iglesia, en la persona
del Papa Juan Pablo II, “el dulce Cristo en la tierra”
que me eligió para esta misión…
· Al Card. Jorge Bergoglio que preside
esta celebración, “auténtico padre y guía”…
· A mis hermanos en el Episcopado con
los que quiero estar en profunda comunión…
· A mi familia aquí presente
y a los que están ya gozando de la visión de
Dios y que se alegrarán conmigo en el Misterio de la
comunión de los santos…
· A mi querida pequeña-gran
Familia Religiosa de Don Orione, a la que siempre pertenecí,
porque prácticamente nací dentro de ella. ¡Cómo
me han acompañado siempre, pero más aún
en estos tiempos, mis hermanos de Congregación!...
· A los sacerdotes, religiosos y fieles
de la diócesis de Añatuya los cuales, con gran
sacrificio, han venido a estar junto con su futuro Obispo…
· Finalmente, a todos ustedes aquí
reunidos de quienes siempre recibí un afecto tan grande
como inmerecido…
¡Gracias, muchas gracias!
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