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Totalmente de Jesús y de María
Todo de Cristo
“El Instaurare omnia in Christo, que fue el grito del Apóstol
S. Pablo -y es el programa de nuestra Congregación-, debemos
comenzar a aplicarlo a partir de nosotros; primero renovarnos nosotros
en Cristo, para luego renovar a los demás. No renovaremos
a los demás en Cristo, si antes en Cristo no nos renovamos
nosotros mismos en su santo amor, y con su santa gracia, que por
cierto no faltará”.
Don Orione, joven sacerdote de 26 años, expresa así
su voluntad de consagración y conformación a Cristo:
“Toda mi vida y mis cosas son consagradas a Jesucristo, mi
Dios, por ahora y para siempre. Seré todo de todos para ser
todo de Jesús Crucificado”. Son palabras que constituyeron
el impulso profundo de su vida espiritual y apostólica y
que retornaban continuamente en su acción formativa.
Él nos pide vivir en Cristo Jesús, vivir de Jesús,
vivir para Jesús. Toda la vida debe ser ordenada a Jesús
y comprendida en Él.
Don Orione se convierte en un signo de la presencia viva de Cristo.
Fue un enamorado no de un Cristo lejano, vivido hace dos mil años,
sino de un “Cristo presente, real, vivo (...). Lo siente,
vivo, lo ve vivo en los pobres. No solamente vive por Él:
su comunión con los hombres es, en transparencia, su comunión
con Cristo (...). Su pasión de amor ante todo lo une a Cristo,
él no puede vivir sin Él”.
La caridad de Don Orione, su gran corazón, se explican desde
este gran enamoramiento de la persona de Cristo: he aquí
porque «el símbolo de la vida de Don Orione es el corazón
de Jesús Crucificado.
Y todo de María
Hablar del amor a la Virgen en Don Orione,
significa hablar del modo como él llenaba de María
toda su vida. Lo demuestran estas palabras suyas: “Lean sobre
mi frente, lean en mi corazón, lean en mi alma, no verán
cosa que no lleve escrito: Gracia de María”.
La vida de Don Orione está signada por la confianza y el
abandono en la Divina Providencia y en este contexto que ve a María
como “Madre de la Divina Providencia”, pues es ella
la que intercede, que acerca, que lleva a Jesús y, por tanto,
la que ayuda a cada hombre a realizar el designio de Dios en su
historia.
Nuestro fundador veía la acción maternal de María
especialmente de dos maneras: como ayuda para realizar la vida del
hombre y como ayuda para comprender las señales y los mensajes
que Dios le envía. Confirman esto muchos hechos vividos por
Don Orione. La invoca cuando su Congregación está
en peligro; cuando él no encuentra consuelo y no es comprendido
por los hombres; cuando debe abrir una nueva casa; cuando se encuentra
afligido por las deudas, etc.
Él desea que cada hijo o hija suya, como todo hombre, se
confíe a María, se dirija a ella y la ame como Madre
de la Divina Providencia, con la certeza de ser escuchados. “Éste
es el camino más breve y más seguro para ir a Jesucristo
(...). Si tenemos en cuenta lo que indica el Evangelio, es siempre
la Virgen Santísima la que nos muestra a Jesús: nos
lo muestra en pañales en Belén, sufriente en la circuncisión,
trabajador en Nazareth, evangelizador en Caná a través
del primer milagro, y luego muerto por nosotros sobre la Cruz (...).
Amando a María se tiene la seguridad de amar a Jesús”.
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