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Santo de la sociedad y de lo cotidiano
Don Orione no es santo porque se lo canoniza, sino
que se lo canoniza porque vivió como un santo y así
lo han percibido la sociedad y las personas que tuvieron relación
con él o recibieron los frutos de su opción y su trabajo,
particularmente los más necesitados y excluidos de la sociedad:
los enfermos, las personas con capacidades diferentes, los niños
y todo aquel que tuviera un dolor o sufrimiento.
Lo que daba valor al encuentro con Don Orione, sobre todo en los
últimos años de su vida, era su fama de santidad.
En el barco que lo traía a la Argentina en 1934, el Cardenal
Pacelli lo señalaba a la gente diciendo: “Besen la
mano a Don Orione, que es un santo”. Los amigos, los bienhechores,
los necesitados que hacían la fila en Milán, en Génova,
en Buenos Aires, para hablar con Don Orione, buscaban en su mirada
un reflejo del rostro paternal de Dios.
Toda la vida de Don Orione fue un camino de santidad, que lejos
de quedar encerrada en el ámbito de la Iglesia, pretendió
llegar hasta lo más profundo de la sociedad y sus estructuras:
“Tenemos que ser santos, pero no tales que nuestra santidad
pertenezca sólo al culto de los fieles o quede sólo
en la Iglesia, sino que trascienda y proyecte sobre la sociedad
tanto esplendor de luz, tanta vida de amor a Dios y a los hombres
que más que ser santos de la Iglesia seamos santos del pueblo
y de la salvación social ”.
Lo extraordinario de un santo es que vive en forma extraordinaria
lo ordinario, la vida de todos los días. Sin dejar de reconocer
en Don Orione características personales de excelencia, sobresale
en él su humildad, su sencillez, su capacidad para escuchar
los gemidos de la sociedad, su actitud compasiva para vincularse
con el sufrimiento humano, su pasión y trabajo incansable,
su audacia e iniciativa, su picardía para hacer mucho con
poco, su generosidad. Fue padre, prójimo, amigo, protector.
En su acción por la justicia y los pobres fue un “santo
rebelde” que desconcertó a propios y ajenos. Y fue
un santo que confió siempre en la Divina Providencia.
Don Orione nos pide con su santidad que tengamos entrañas
de misericordia ante el dolor y el sufrimiento.
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