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Fiel a la Iglesia y al Papa
“Y ésta es la herencia que les dejo:
que nadie jamás deberá superarnos en el amor y la
obediencia más plena, más filial, más dulce
al Papa y a los Obispos y en el más grande respeto y devoción
a los sacerdotes”. Este deseo de nuestro Fundador ya estaba
expresado en el “Plan y programa de la Pequeña Obra”
(1903), donde expresa el objetivo apostólico de su fundación
como un “unificar a todos en Cristo en el Papa y en la Iglesia”.
El amor al Papa y a la Iglesia puede bien llamarse la clave para
comprender el múltiple e incansable apostolado de Don Orione.
La fidelidad y la unidad al Papa y a los Pastores de la Iglesia
no fue sofocación ni un freno al caminar hacia adelante (“a
la cabeza de los tiempos” y “en el corazón de
los pueblos”), sino más bien fue garantía, punto
de referencia, “seguridad de caminar por el sendero de la
Providencia” -como él decía- y por eso coraje
de pioneros, de vanguardia, abierto a todos.
Don Orione es un enamorado de la Iglesia que vivió y transmitió
una experiencia mística de iglesia, afectiva, oblativa, basada
sobre una firme doctrina.
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