
El P. Superior General de la Obra
de Don Orione, Roberto Simionato, junto a Juan Pablo
II
|
Don
Orione y el Papa:
un voto y amor especial.
Cuando se conoce
por primera vez el Pequeño Cottolengo queda en algún
rincón de la persona un interrogante profundo:
¿qué mueve a esos curas, monjas y laicos a atender
a los residentes del cottolengo?, ¿qué ejemplo
han seguido?
Estas preguntas -y algunas
más que van apareciendo- con el tiempo suelen encontrar
algunas respuestas que conducen a un mismo lugar: descubrir
qué cosas pasan por el corazón de todos los
que trabajan en el Pequeño Cottolengo y, sobre todo,
a quién moviliza sus corazones para realizar tan noble
tarea: don Luis Orione.
Pero el trabajo en los cottolengos es solamente una expresión
del verdadero “por qué” de la vida de Don
Orione. Entonces, ¿cuál es verdadero POR QUÉ
de la vida de Don Orione?
En las Constituciones de los Hijos de la Divina
Providencia -la congregación religiosa fundada por
Don Orione hace cien años- se presentan las “reglas
de vida” que cada religioso orionita tiene que amar
y vivir en plenitud.
Y ya en el Capítulo 1 se habla de esta Obra de la Divina
Providencia y su relación con quien será siempre
uno de los grandes amores del Fundador: el Papa.
Aquí comenzamos a entender entonces el por qué
de la vida de Don Orione.
El sabe que este nuevo Instituto “nacido por la misericordia
de Dios… reconoce en el Romano Pontífice el eje
de la obra de la Divina Providencia en todo el universo porque
venera en él al Sucesor de Pedro, Vicario de Nuestro
Señor Jesucristo en la tierra, tiene el siguiente fin
principal: Cumplir, con la ayuda de la gracia divina, la voluntad
de Dios en la voluntad de Pedro, el Romano Pontífice;
buscar la mayor gloria de Dios dedicándose a la perfección
de sus miembros; y consagrarse a difundir y acrecentar con
toda clase de obras de misericordia, en el pueblo cristiano,
un amor dulcísimo al Vicario de Cristo en la tierra,
el Sumo Pontífice, Sucesor del Bienaventurado Apóstol
Pedro –evangelizando especialmente a los pobres, a los
pequeños y a todos los que padezcan algún dolor-,
con el propósito de ayudar a consolidar la unidad de
los hijos con el Padre, dentro de la Iglesia”
Queda claro que la intención principal de Don Orione
es que su Familia Religiosa trabaje mucho, y que todo lo que
haga sirva para amar más al Papa y a la Iglesia. Alguna
vez se escribió que el binomio PAPA-POBRES es lo que
dio sentido a todo lo que hizo Don Orione, y a todo lo que
sus hijos en todo el mundo intentan hacer.
Si existe un cottolengo, un hogar, una parroquia, una escuela
es porque ellos tienen que suscitar en el corazón de
las personas que se acerquen un profundo amor a la Iglesia
y al Papa, para hacer que todos nos unamos como hermanos en
una sola casa común: la Iglesia; con un padre común:
el Papa.
Don Orione insiste en que hay que trabajar mucho para lograr
esto, y hacerlo en todas las formas posibles: “la educación
de la juventud, tanto escolar como campesina; la evangelización
de los humildes, según los principios sociales cristianos;
a los afligidos por toda clase de dolores y males, y a toda
institución a favor del pueblo. De modo que Nuestro
Señor Jesucristo penetre en todos los corazones, por
medio de su Santo Vicario, y especialmente en el corazón
de aquellos que el mismo Divino Maestro demostró que
amaba tanto -es decir, los pequeños de edad y condición,
que son los que tienen más necesidad de consuelo de
conocerle y seguirle-.
Y en el artículo 5 de las Constituciones se dice que
“el fin especial de la Congregación es difundir
el conocimiento y el amor de Jesús, de la Iglesia y
del Papa, especialmente en el pueblo; atraer y unir con un
vínculo estrecho, de toda la mente y del corazón,
a los hijos del Pueblo y las clases trabajadoras hacia la
Sede Apostólica…”
Don Orione quiere que sus hijos trabajemos, trabajemos mucho,
especialmente acompañando a los más pobres,
a los más humildes y que todo este trabajo sirva para
unirlos más a la Iglesia, al Papa.
También hay una forma concreta de hacer
explícito y público este amor a la Iglesia en
Don Orione transmitido a sus hijos: es a través de
la profesión de un CUARTO VOTO DE FIDELIDAD AL PAPA.
Esta es una expresión pública que se hace el
día de la profesión religiosa a perpetuidad,
que quiere dejar claro que al profesar públicamente
el amor y fidelidad al Papa, a la Iglesia, “nos ponemos
a la pronta y absoluta obediencia del Pontífice, en
todo orden de ideas y hechos, y con toda actividad de la inteligencia,
el corazón y las manos; para ejecutar donde, como,
cuando y cuanto agradare al Sumo Pontífice en orden
a poner por obra su propio programa”.
Don Orione afirma que “el aspecto primero y principal
del carisma es el amor incondicional, la adhesión humilde
y el servicio fidelísimo al Papa, Vicario de Cristo,
reconociéndonos consagrados a entregarle el corazón,
la mente, las fuerzas, la sangre y la vida, para defender
su autoridad y magisterio con todos los medios posibles. Por
ello consideramos como máximo honor el ligarnos con
un voto particular de fidelidad especial al Sumo Pontífice”.
Amor y fidelidad al Papa, trabajando con los más humildes
en las distintas expresiones posibles, uniéndolos al
corazón de la Iglesia es en sí la expresión
del carisma que Don Orione nos regaló.
A los religiosos orionitas, este CUARTO VOTO los compromete
no sólo a pensar, rezar, amar y trabajar por la Iglesia,
por el Papa; sino que me invita a buscar modos concretos de
expresar esta profesión religiosa. Las Constituciones,
en el artículo 48, invitan a:
• Ser fieles a la Iglesia de la cual el Papa es el centro
de comunión.
• Estudiar, profundizar y poner en práctica el
magisterio ordinario, conocer y difundir los documentos pontificios…
• Amar y adherirnos a los Obispos de las Iglesias locales.
• Trabajar en pro de la comunión dentro y fuera
de la Iglesia, esforzándonos por ser fermento de unidad.
• Compromiso misionero y ecuménico.
• Servicio preferencial a los pobres, cuyos derechos
e instancias debemos defender en nombre del Papa y en fidelidad
a él.
Así podemos comprender por qué en todos los
lugares donde está presente Don Orione se vive con
mucha fuerza el amor al Papa, a la Iglesia; se lo celebra,
se ora y se expresa en las maneras más creativas la
adhesión a su figura.
Si en verdad nos sentimos hijos de Don Orione que
intentamos vivir el regalo de su carisma, no podemos dejar
de mirar con amor la figura de este Papa que “ha dado
su vida” por la vida de la Iglesia.
P. Leonardo Abregú
|