La Familia Orionita
 
       
 

80 años de presencia Orionita

-Cuarta entrega-

Con esta entrega cerramos la serie de notas que nos acercaron esas historias y recuerdos de aquello que, con el correr del tiempo, fue convirtiéndose en la Familia Orionita de Argentina a partir del incansable trabajo y la fe inquebrantable de Don Orione y quienes continuaron su obra de caridad.

Textos y producción de testimonios:
Hno. Leonel Pezzarini y Alberto Manfredi
Fotos: Nora Kancepolski, Alberto Manfredi y Archivo Obra Don Orione


A lo largo de los 80 años de vida de la Pequeña Obra de la Divina Providencia en nuestro país, son muchos los relatos de quienes han conocido a Don Orione y los inicios de las diferentes obras. Hemos compartido algunos de esos testimonios, que dan cuenta de la dicha de haber experimentado la cercanía de Don Orione en su vida personal, en su familia o en su comunidad.
Con esta entrega cerramos la serie de notas que a través de todo el año nos acercaron esas historias y recuerdos de aquello que, con el correr del tiempo, fue convirtiéndose en la Familia Orionita de Argentina a partir del incansable trabajo y la fe inquebrantable de Don Orione y quienes continuaron su obra de caridad.

Un obispo salesiano muy cercano a Don Orione

Monseñor Agustín Radrizzani es obispo de Lomas de Zamora, diócesis en la que se encuentra la reliquia del corazón de nuestro Padre Fundador dentro de la capilla del Pequeño Cottolengo de Claypole. Mons. Radrizzani sorprendió a muchos cuando en la homilía de la misa de clausura del Encuentro Internacional del Movimiento Laical Orionita (octubre de este año), contó una historia familiar de mucha cercanía con Don Orione.
En una amena charla en su despacho, monseñor contó más detalles de sus recuerdos sobre el fundador de la Pequeña Obra de la Divina Providencia. Esos recuerdos se remontan a historias familiares sobre hechos anteriores a su nacimiento, ya que fue su padre quien conoció personalmente a Don Orione: "Tengo un recuerdo indeleble del gran amor que mi papá tenía por Don Orione. Tan es así que después de haberse encontrado algunas veces con él, yo creo que fueron por lo menos tres, él decidió irse con Don Orione. La última vez que se encontró con él lo quiso llevar a Italia al noviciado, pero mi papá dudaba. Entonces Don Orione le dijo que no se hiciera ningún problema, que Dios lo iba a bendecir".
Un poco más cerca en el tiempo, Mons. Radrizzani recuerda cuando la salud de su padre se agravó de forma irreversible y pidió ser sepultado en el cottolengo de Claypole: "Me dijo que él no le había dado su vida a la Congregación y deseaba que al menos sus restos quedaran junto a Don Orione y su obra. El había estado en la fundación del cottolengo, quizás revisando las fotos podría llegar a ubicarlo, pero nunca tuve el tiempo ni la oportunidad para hacerlo".
Otro de los recuerdos que aflora en la memoria del obispo de Lomas de Zamora tiene que ver con un pañuelo. Parece ser que era algo habitual que cuando alguien llegaba a hablar con Don Orione le entregaba un pañuelo nuevo y le pedía el que él tenía. "Mi papá lo hizo y lo guardaba con muchísimo cariño. Lo que sí recuerdo es que cuando murió fuimos enseguida al cajoncito de los pañuelos y no lo llegué a distinguir. Sé que era uno de esos, quizás uno que vi en un rinconcito, pero como no teníamos ninguna seguridad tampoco podíamos aprovecharlo como reliquia", rememora Mons. Radrizzani.
A lo largo de la charla se percibía que la experiencia del padre había marcado mucho a un entonces joven Agustín. La circunstancia y la manera en la que recibió el relato de boca de su papá también son muy significativas. "Siendo pequeño yo ya quería ser sacerdote y él quiso contarme cómo había sido su proceso vocacional. Mi papá tenía dos recuerdos imborrables en su vida: uno era Don Orione y otro monseñor Alejandro Shell (Nota: obispo de Lomas de Zamora entre 1963 y 1972). De modo que cuando hacía recuerdos de su vida de Iglesia acudían siempre los ejemplos de ambos. Cuando se agravó su salud, en más de una oportunidad conversó sobre Don Orione o nos pidió ser sepultado en el cottolengo. En aquel momento fui a ver al padre Provincial y me dijo que no iban a haber dificultades, que era una alegría recibir al papá de un hijo de Don Bosco".
Además de su padre, Don Orione llegó a la vida de Mons. Radrizzani a través de las lecturas y el estudio, sabiendo que Don Bosco -el fundador de la obra de los padres salesianos a la que pertenece- había querido mucho a Don Orione. En más de una oportunidad Don Orione comentó que los tres años que pasó junto a Don Bosco fueron los mejores de su vida. Reconocía en él a su gran maestro. "Me impresiona mucho -señala Mons. Radrizzani- lo que Don Bosco hizo nacer en el corazón de Don Orione, que fue el cariño, la ternura y la imitación. Me impresiona mucho que Don Bosco, como santo, intuyó que en Don Orione había también un proyecto de Dios, y cómo fue capaz de respetarlo y ayudarlo. Hay entre ambos una vinculación muy estrecha".
Cuando se le comenta que sorprende cuánto sabe de Don Orione, el obispo comparte un deseo: "No soy un especialista, aunque me gustaría serlo, pero a mí siempre me atrajo mucho la vida de los santos, y más de una persona así, que tiene hacia los más desheredados, hacia los más pobres, los más marginados, una ternura que es el reflejo del amor de Dios. Yo, a medida que tengo oportunidad, sigo leyendo, estudiando y escuchando las maravillas de aquellos que nos han precedido porque pertenecemos a familias de santos y nosotros respondemos con mayor o menor intensidad, pero siempre tenemos a estas figuras señeras que nos ayudan a entregarnos más a Dios. Viendo la figura de Don Bosco y la de Don Orione se comprende un poquito más lo que significa amar al prójimo".
Para el obispo de Lomas de Zamora, la llegada de la reliquia del corazón de Don Orione hace dos años a nuestro país permite destacar el sentido de fraternidad grande a nivel de Congregación y de Familia Orionita: "Fueron capaces de tener un alma grande y dejarlo venir a la Argentina, que es el lugar que Don Orione consideró como su segunda patria y en la que vivo o muerto quería quedarse. Para nosotros en la diócesis es como un faro que nos va iluminando permanentemente, el testimonio de alguien que vivió por los demás, trató de agradar a Dios y se santificó en nuestra tierra. El tener el corazón de Don Orione nos ayuda a saber cuánto podemos y debemos entregarnos a los demás".


Toda una familia signada por Don Orione

Eduardo Solari (h) vive con su familia en Bella Vista, al noroeste de la Ciudad de Buenos Aires. Allí, entre sus afectos, atesora un busto de Don Orione que ha pertenecido a su familia desde tiempos remotos y que actualmente, ocupa un lugar destacado en el living de la casa.
En realidad, la presencia del beato es muy fuerte en ese hogar, así como lo fue en el de sus padres y sus abuelos. Por momentos, todo parece girar en torno a él; Don Orione es su guía y en cierto modo, el modelo a seguir. "Existe entre nosotros una verdadera devoción hacia la figura del fundador, devoción que se ha ido transmitiendo de generación en generación", comenta Eduardo.
¿Como nació esa devoción? Varios factores han influenciaron, entre ellos, la gran amistad entre su abuelo, el abogado Ambrosio Esteban Solari y Don Orione. El Dr. Solari fue un importante benefactor de la Pequeña Obra de la Divina Providencia. "Ignoro cómo se conocieron -explica- pero el trato entre ambos llegó a ser fluido", agregando que ambos se encontraron varias veces en Tortona, Italia. Hoy, un sector del Pequeño Cottolengo de Claypole, más precisamente su gran cocina, lleva el nombre del Dr. Ambrosio Solari. Además, Don Orione bendijo su casa de Mar del Plata, bautizó a su hijo menor, Alejandro Ignacio y lo visitó en más de una oportunidad. El mayor de sus hijos, Eduardo, fue quien donó a la orden el predio que hoy ocupa el seminario en Claypole, donación que consta en el Acta Nº 33 del Libro Nº 1 de la Provincia Nuestra Señora de la Guardia.
También existe una película familiar en la que se ve a los Solari en su residencia veraniega de Mar del Plata, rodeados por sus hijos y sus nietos, mientras Don Orione bendice las instalaciones y recorre el parque, después de entronizar una imagen de la Virgen. La misma constituye un invalorable testimonio de su presencia en la Argentina durante su segunda visita. En esa casa se llevó a cabo, cuarenta años después, la fiesta de casamiento entre Eduardo Solari (h) y María Carmen Moler, a continuación de la ceremonia religiosa en la iglesia marplatense de Nuestra Señora de Fátima. "Fui el único miembro de la familia que organizó su fiesta en la misma casa bendecida por Don Orione, allá por 1936", señala.
Cuando al cabo de los años Eduardo Solari (h) se independizó laboralmente, se radicó en la ciudad de Salta y fundó la firma AgroOrione SRL, así denominada en homenaje al fundador. En el lugar más destacado de sus oficinas fue colocado el busto de Don Orione.
La devoción que Eduardo Solari (h) profesa por nuestro Padre Fundador trasciende la herencia recibida de sus mayores por un hecho muy particular que marcó profundamente su vida. "Siendo yo un niño de pocos años, contraje polio en mi pierna derecha. La enfermedad me obligó a guardar cama y mi estado comenzó a agravarse debido a los intensos dolores padecidos. El pronóstico se tornó reservado hasta tal punto que mi vida comenzó a peligrar. Ocurrió que un día, mis abuelos trajeron una reliquia de Don Orione, la que colocaron bajo mi almohada, invocando su ayuda. Fue entonces que, inexplicablemente, con el paso de los días, comencé a mejorar hasta tal punto que, al cabo de un año, estaba completamente curado, tanto, que los profesionales médicos que me asistieron no dieron crédito a lo ocurrido. La curación fue tan completa que durante las competencias colegiales de sexto grado del Colegio Champagnat, al que asistí como alumno, gané la carrera de 50 metros llanos. Nadie en la familia dudó que Don Orione había obrado un milagro y que la curación se debía a su intercesión".
En el franco testimonio de Eduardo encontramos una prueba más del amor de Don Orione, de la fuerza de su imagen, de la presencia siempre viva de su obra en el espíritu de quienes lo conocieron y de lo que puede obrar su intercesión cuando la fe es verdadera.
Ese amor se mantuvo a lo largo de 80 años de presencia en tierra argentina gracias al compromiso de sus religiosos, amigos, fieles y bienhechores. A todos sus hijos e hijas, consagrados y laicos, les corresponde en este tiempo la tarea de sostener y anunciar con más fuerza que nunca en nuestra Patria el mensaje que Don Orione dejó como una marca indeleble para su Obra y la sociedad: "Sólo la caridad salvará al mundo".

 


En su despacho del Obispado de Lomas de Zamora,
Mons. Radrizzani relató la historia
que une a su familia con Don Orione.

 


Eduardo Solari (h) y el histórico busto de Don Orione,
que ocupa un lugar destacado en su casa,
y es valorado como un tesoro familiar.


A la derecha de Don Orione, el Sr. Félix Rodríguez,
que fuera uno de los primeros colaboradores en Victoria
de nuestro Padre Fundador.


En este retrato familiar de época,
Don Orione aparece junto a los Galmarini,
colaboradores cercanos de la Obra.
El Dr. Galmarini fue durante muchos años el médico
que atendió su corazón.

 

El histórico monumento a Don Orione en Victoria.

La comunidad orionita de Victoria volvió a contar desde el 11 de octubre con el tradicional "Don Orione" que, con sus manos extendidas, preside desde hace casi 60 años la entrada a la parroquia Nuestra Señora de la Guardia. Claro que ahora luce como en sus inicios, fruto del trabajo de restauración al que fue sometido.
Esta imagen de Don Orione es de bronce y fue la primera estatua de nuestro Padre fundador que se hiciera en Argentina. Es una reproducción en tamaño natural de su figura, colocada sobre una base de piedra, obra del Prof. Ulises Tosi, renombrado artista que realizara trabajos similares en diferentes lugares de Argentina.
El monumento fue colocado en el patio del templo parroquial el domingo 29 de agosto de 1943 con motivo de las fiestas patronales de Nuestra Señora de la Guardia. En esa oportunidad, monseñor Juan P. Chimento la bendijo solemnemente.
En el periódico quincenal "Nuestra Señora de la Guardia" de entonces (imagen), se anunciaba así este acontecimiento: "La Comisión Pro Monumento a Don Orione -compuesta por un selecto y distinguido núcleo de personas de la localidad y presidida por nuestro estimado amigo, el escribano don Manuel Martín Mujica- nos pide que anunciemos a nuestros lectores que ya se encuentra terminado el monumento del ilustre Fundador de la Pequeña Obra de la Divina Providencia. Será el primer monumento que perpetuará en la Argentina el nombre del ‘Sembrador de Caridad en todos los caminos’".
Más adelante, la nota exaltaba la importancia de la figura de Don Orione para la zona. "En Don Orione, Victoria tuvo el baluarte, el sostén, el apoyo espiritual. Su obra, ya en el orden parroquial como educativo, ha sido de incalculables beneficios para nuestros familiares (…) Por tales motivos somos tributarios del amor de Don Orione. El monumento, que Dios mediante, erigiremos en el atrio de nuestro templo parroquial, constituirá la exteriorización de nuestro sentido y sincero amor a Don Orione".
Al final, la nota señalaba: "El monumento está terminado. Quiera Dios Nuestro Señor que pronto podamos inaugurarlo (…)"
Casi seis décadas después de aquel momento, la comunidad orionita de Victoria volvió a disfrutar del gesto paternal y generoso de Don Orione expresado a través de esta bella escultura. En esta oportunidad fue el P. Vincenzo Alesiani -actual consejero general de la Congregación y con varios años de trabajo apostólico en nuestro país- quien hizo la bendición de la estatua. El P. Adolfo Uriona, superior Provincial, junto a un grupo de jóvenes, la descubrieron. Una placa dejó el recuerdo de los 80 años de presencia orionita en Argentina.
El P. Uriona cerró este momento verdaderamente emotivo, recordando el encuentro providencial entre Don Orione y la Virgen producido allá por noviembre de 1921, a través de la pequeña imagen de la Virgen de la Guardia que estaba en un costado interior.

 
 
 
 
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